Ojo, que Rajoy ya habla de política

Federico Jiménez Losantos
Las declaraciones de Rajoy acerca de la responsabilidad política, moral y, por supuesto, policial del PNV en el mantenimiento del terrorismo vasco no son nuevas aunque sean buenas ni dejan de ser buenas porque no sean nuevas. Es el discurso político que hizo Jaime Mayor Oreja cuando fue ministro del Interior (y algo más) pero es también el discurso de la resistencia civil vasca, de los partidos, sectores e individuos comprometidos con la Constitución y la nación españolas y relanzado con la Fundación para la Libertad presentada en Bilbao este fin de semana. Que además sea el discurso explícito de Rajoy como ministro del Interior, vicepresidente primero del Gobierno y candidato a la sucesión de Aznar es un hecho que conviene subrayar porque resulta importante en muchos sentidos.

El primero es el de subrayar la continuidad y la coherencia de la política antiterrorista del PP. A diferencia con lo que sucede en otros ámbitos (la calamidad del Ministerio Birulés, por ejemplo), está claro no sólo el objetivo (que necesariamente se sitúa en un horizonte lejano) sino la estrategia (no pactar con el nacionalismo mientras sea cómplice de ETA) y la táctica (ilegalizar todas las variantes representativas de ETA, incluída Batasuna). Eso lo está manteniendo Aznar en el extranjero, Arenas en el partido, Mayor en el País Vasco y Rajoy en el Gobierno. Y precisamente porque muchos temimos que Rajoy se deslizara por una línea de complacencia o comodidad políticas bien distinta de la mantenida por Mayor, es de justicia reconocer que junto a su trabajo al frente de la represión policial, su discurso político es cada vez más nítido, más sólido y que con Acebes están llevando adelante una tarea ingrata inacabable pero indispensable.

Luego está el hecho de que, al hablar de política desde Interior, al hacer un discurso democrático y nacional, Rajoy va tomando cuerpo como presidenciable y mejorando sus posibilidades sucesorias. Pero si es manteniendo esa línea de coherencia y continuidad en la lucha contra el terrorismo y el separatismo, nada más legítimo ni más respetable que esa ambición. Ojalá en todos los ámbitos de la vida política pudiéramos decir lo mismo.
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