Cebrián

Nunca un extorsionado sacó tanto al extorsionador

Federico Jiménez Losantos
Si no fuera trágico sería para revolcarse de risa. Juan Luis Cebrián, respaldado por una altísima autoridad militar –que, por cierto, hace un papelón infame respaldando esos mítines sectarios–, va y denuncia las tremendas presiones, qué digo presiones, extorsiones que ha padecido su grupo bajo el aznarismo. Les dio el monopolio de la televisión de pago, les permitió seguir incumpliendo la sentencia del Supremo que les obligaba a devolver las emisoras de Antena 3, les legalizó la red de televisiones locales ilegales Localia, en vez de cerrársela, prevaricó al por mayor para favorecerlos, o dejó que otros prevaricaran bajo su presidencia, que no se sabe qué es peor. No sólo les permitió mantener su poder, ya inmenso, sino que les permitió acrecentarlo hasta extremos incompatibles con la pluralidad y la libertad, sin parangón en Europa y en ningún país del mundo occidental. Bueno, pues encima se quejan. Realmente debe de haber algo maligno en las meninges de los gestores del Imperio porque tanto desagradecimiento a quien los ha hecho todavía más multimillonarios es algo así como una malformación genética, sólo descodificable en clave política.
 
Supongo que cuando alguien con la biografía de Cebrián –niño mimado del franquismo, el comisario político-informativo más joven del régimen en su ocaso– pretende insultar a Aznar como hizo recientemente en Argentina, diciendo que es “el típico representante del fascismo sociológico” exorciza sus propios fantasmas, rehace una trayectoria vital inexistente y, como dijo una vez en público, elige a sus padres, es decir, se inventa una biografía en el mejor estilo del totalitarismo. Aún así, sorprende tanto odio contra alguien que está fuera del poder, teniendo ellos, los del Imperio, tantísimo. Pero si no en los anales de la psicología o incluso de la psiquiatría, el “Caso Cebrián” debería instalarse y estudiarse en los de criminología avanzada. No hay un caso semejante, ni siquiera aproximado, en que un supuesto extorsionado le saque tanto al supuesto extorsionador. Si cundiera el ejemplo, la delincuencia en España tendría sus días contados. Ser ladrón o chantajista sería tan mal negocio que hasta el más adusto delincuente colgaría la faca y la pipa y se pondría a hacer oposiciones a funcionario. Bueno, también podría entrar en PRISA y tratar de hacerse multimillonario, porque aún queda alguna cosa que puede entregarle el Gobierno al insaciable polanquismo. Por el Gobierno, no será. Lo que dudo es que lo permita Cebrián. Buena es el ama de llaves, y todavía en vida de Rebeca.
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