No hay que repartir Madrid antes de ganarlo

Federico Jiménez Losantos

Con su más que acreditada inoportunidad, Génova 13 se ha puesto a filtrar que no quiere consejeros de Vox en un futuro Gobierno de Ayuso, con lo cual desmerece a la candidata quitándole libertad de acción, le hace un favor a Vox, dando a entender que Casado puede decidir sobre Ayuso algo que le corresponde y le hace un favor aún mayor a la Izquierda, al asumir que Vox es un socio indeseable, cuando en casi todos los escenarios de victoria de la derecha es socio imprescindible. Y, por tanto, elogiable.

Pero es que hay también escenarios de derrota, si Vox se queda sin grupo y el PP no llega a los 69 escaños, algo técnicamente casi imposible. Habría que alcanzar el 74% de participación y eso es muy difícil porque la clave es movilizar al ex-votante de Ciudadanos. Y nada puede animarlo menos a acercarse a las urnas que ver al partido que está más tentado de votar, este PP en el que Ayuso hace olvidar a Rajoy, vendiendo la piel del oso del gobierno de Madrid antes de encaramarse al madroño de la victoria.

Tampoco ha escarmentado el PP con el fiasco de Teodoro al meter con calzador a Toni Cantó en una lista que no lo necesitaba, fiado en la sabiduría de Enrique López y los servicios jurídicos de la Comunidad, al parecer los únicos en España que desconocían que el derechista González Rivas es esclavo de Conde Pumpido y de una izquierda judicial cuyo apoyo necesita para presidir el CGPJ. Y la faena de Cantó le ha venido de perlas. Se puede ser tonto, muy tonto, rematadamente tonto, requetetonto y del PP.

Ni PP, ni Vox: España y la Libertad

Hay que conseguir que Vox tenga un gran resultado y Ayuso obtenga un triunfo memorable, para lo cual hay que votar en vespino y con tacataca, hay que movilizar hasta el último vecino cuya vida destrozaría el triunfo de una izquierda tan salvaje y tan redomadamente necia que, junto a Madrid, arrasaría definitivamente España y cualquier futuro de cierta prosperidad. El otro día, el filósofo Mañueco, que no da un paso sin meter la pata, decía que es un error convertir las de Madrid en unas elecciones nacionales. O sea, que entra en campaña en el Congreso Pedro Sánchez contra Ayuso y no hay que convertir las elecciones en lo que ya las ha convertido Sánchez, junto a sus socios comunistas y separatistas. Hay que volver a lo de antes: se puede ser necio, archinecio, meganecio, plusquamnesciturus… y del PP.

Precisamente porque se trata de unas elecciones en las que se puede romper la racha nefasta que conducía inexorablemente al asentamiento de un régimen tiránico, antiespañol, anticonstitucional y tan republicano como el propio Sánchez ha declarado en las Cortes este último 14 de Abril, ni el PP ni Vox tienen derecho a presentarlas, entenderlas y negociarlas en clave partidista sino absolutamente nacional y con la libertad como único norte.

Hay que convencer a los madrileños, o, mejor dicho, a los españoles que viven en la comunidad de Madrid, y a los nacidos fuera de España, que saben mejor todavía lo que significa huir de la miseria y escapar del terror comunista, que en estas elecciones se juega, sin posibilidad de rectificar, el modelo de sociedad que quieren para ellos y para sus hijos. No se trata de alarmar sino de algo más: de espantar al votante explicándole lo que se le vendría encima si por pereza o incomodidad, este o ese detalle, no votan a Ayuso o a Monasterio y entregan el poder a Sánchez e Iglesias. Si pierde la Derecha, ganan Sánchez e Iglesias; y se acelera la balcanización de España.

La alternativa a Sánchez son PP y Vox, con Casado o sin él

La necedad casi ritual de Génova 13 de andar haciéndole ascos a la presencia de Vox en el Gobierno de Ayuso muestra un egoísmo tan burdo, un sectarismo tan zafio y una ramplonería tan estúpida que, de no mediar los antecedentes de los últimos meses, podría sorprendernos. Menos mal que la izquierda cainita y criminosa que se presenta a las elecciones no es tampoco un dechado de inteligencia, pero hasta a la pistolera de Errejón se le ocurrirá en estas dos semanas reparar en que el Efecto Teo, que en un bochornoso acto de autobombo ha acuñado el Secretario General del PP, se resume en entregar a los expulsados de Vox la Educación en Murcia. Lo cual no es bueno ni malo, sino forzoso, ya que el PP se jugó la Comunidad a la recompra de diputados de Cs antes que presentar a otro candidato que el teodorico López Miras. Amplitúdemiras, le llaman ahora en Murcia.

Y si para asegurar el mísero rataplán del número dos de Casado se ha hecho lo consignado en Murcia, ¿cómo se atreve el Número Uno a salir con la infame monserga progre de que no quiere en Madrid consejeros de Vox? Primero, él no es nadie para imponer nada a Ayuso en contra de la voluntad de los electores de Madrid. Segundo, después de la catástrofe de Cataluña que le dejó mudo por dos días, tres meses de silencio es lo menos que le debe a quien ya quiso convocar elecciones en junio pasado y no le dejó, pese a que ha pasado lo que se veía venir, pero a Casado no le apetecía ver. Y tercero, el Presidente del PP debe ir haciéndose rápido a la idea de que el futuro de la derecha en España pasa por el acuerdo PP-Vox. Con él o sin él.

La tentación partidista de Vox

Si Casado cree que el PP tiene que distanciarse de Vox para no quedar mal, después de su estrepitosa ruptura y porque sigue creyendo en las monsergas centristas que tanto éxito le dieron en Cataluña y que en la campaña de Madrid se han traducido en guiños a la izquierda de su sucesor in pectore Martínez Almeida o en la invitación a vacunarse juntos con que estropeó su discurso contra Sánchez, Vox tiene ante sí un dilema parecido.

También Abascal puede abrigar la tentación partidista de pensar en la lucha por la primacía de la derecha en las Generales, para lo que le sería más cómodo un apoyo desde fuera al Gobierno Ayuso, como en Andalucía, que la entrada en el Gobierno de Madrid, aunque sea simbólicamente. A mí, en cambio, me parece necesario para enterrar definitivamente el hacha de guerra entre los dos partidos que, muerto Cs, nos quedan en el ámbito nacional y constitucional. Si las elecciones de Madrid son nacionales es porque en Madrid se tiene la oportunidad de emitir un voto nacional neto, a favor o en contra del socialcomunismo piafante y repugnante. Y de Madrid debería salir la certeza, o al menos la esperanza, de que esa alternativa es posible. España y la Libertad la precisan. Y en Madrid se puede conseguir.

 

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