No fracasa Aznar, fracasa Europa

Federico Jiménez Losantos
El Gobierno anunció en la noche del viernes un gran acuerdo sobre energía que, en buena lógica, sólo podría darse por bueno si iba en el sentido de la propuesta española. Como era perfectamente previsible, el sábado se anunció un acuerdo que es esencialmente una dilación y se confirmó que este Gobierno perderá en el frente de la comunicación todas las batallas que gane en el frente de la economía y de la política. Porque el acuerdo es un triunfo de los obstáculos franceses a la liberalización energética, un aplazamiento sine die de la liberalización del mercado energético para los consumidores y una postergación de la liberalización para las empresas hasta el 2004, tanto en el gas como en la electricidad, cuando incluso el preacuerdo para el gas estaba fijado en el 2003. El saldo de la reunión de Barcelona es, pues, mediocre. Como no podía ser menos en año de elecciones en Alemania y Francia, los países que deberían ser motores del despegue económico de la UE, pero a los que el proteccionismo de izquierdas y derechas ha convertido en lastre.

No es un fracaso de Aznar que sus propuestas de liberalización se hayan quedado en la mitad de la mitad. Tampoco es una desautorización de su línea política que París y Berlín se empeñen en cerrar los ojos ante su futuro, por culpa de una clase política que se sucede a sí misma entre el permanente abuso de poder, la corrupción y la estupidez. Es un fracaso de Europa como tal, que España debe suscribir como socio de la UE y que de alguna manera afecta a las siempre exageradas expectativas de imagen del Presidente y de su Gobierno, que ni disfrutan de sus logros ni aprenden de sus fracasos.

Pero la comprobación de que Europa no nos va a sacar del pozo gratis, ni nos va a facilitar crecer lo necesario para igualarnos en bienestar a la media de sus ciudadanos, debería llevar al Gobierno de Aznar a trabajar en las liberalizaciones dentro del mercado español, que están casi todas sin hacer. España no puede tirar de Europa salvo en las fotos del semestre en que le toca Presidencia y en la parte que por su PIB le corresponde de la Unión Europea. Ni menos ni más. Pero hay infinidad de terrenos en los que la liberalización se echa en falta y el Gobierno, o no la hace o no deja que se haga. Vale más que Aznar se concentre en lo nuestro, donde manda más y no siempre para bien, que en lo europeo común, donde, aunque sea para bien, manda bastante menos. Si predicara menos liberalización para Europa y liberalizara más España, eso que saldríamos ganando.

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