Ni bueno, ni malo: incorregible

Federico Jiménez Losantos
Un pertinaz periodista argentino preguntaba una vez a Jorge Luis Borges su opinión sobre el peronismo, que a la sazón estaba a punto de retornar al Poder en Argentina. –Maestro, ¿cuál es su opinión sobre el justicialismo? –Borges se hacía el loco, se iba por los cerros de Úbeda y no contestaba. Pero el periodista insistía: –Sí, maestro. Pero ¿ha sido bueno Perón para la Argentina? –Y Borges seguía disimulando. El liderazgo incomprensible, las paradojas de los pueblos... Hasta que el periodista lo acorraló: –Borges, en una palabra: ¿los peronistas son buenos o malos? –Y Borges, viendo que no tenía salida pero que tenía que salir, dijo:
–Y bueno.., los peronistas no son buenos ni malos...
–¿Cómo?
–¡...son incorregibles!

Pues Felipe González es como los peronistas. Ni bueno ni malo: incorregible. Se supone que va a ayudar a su partido en las elecciones vascas, pero acaba por llevarle la contraria a su candidato. Los socialistas se han comprometido públicamente en su pacto con el PP y ya no tienen marcha atrás, pero González es incapaz de sacrificar por una vez su protagonismo y apoyar una línea política que nunca ha sido la suya, en el caso de que alguna vez haya tenido una línea clara y propia. Él sabe hasta qué punto, después o al mismo tiempo que ponía en funcionamiento el GAL, se hizo responsable de que el PSOE se convirtiera en mero apéndice gubernamental del poder del PNV. Él debería ser, por tanto, el primero en reconocer su error al confiar públicamente en el carácter democrático de un partido que ni por su doctrina ni por sus costumbres respeta a la mitad del pueblo vasco.

Si el PSE-PSOE tuvo que salir del Gobierno Vasco tras el pacto de Estella, lo normal y decente sería que González asumiera su responsabilidad y criticara la traición del PNV. Pero eso supondría que González es una persona decente o un político normal. Impensable. Va a Baracaldo, se supone que a apoyar a Redondo y acepta públicamente, aunque sea a regañadientes, que el PP y el PSOE tienen que pactar por una razón poderosísima que él mismo da: ponen juntos los muertos. Pero, a continuación, González tiene que remachar la tesis que no lleva a ninguna parte: hay que pactar con un PNV que no sea este PNV. Cuando no lo sea, ya se verá. Ahora se supone que lo que cumple es ganarle las elecciones y echarlo del poder. No para González. Él tiene que estar en la oposición al PP como sea, con quien sea y a costa de lo que sea. Él es Él. Y lo demás y los demás le importan poco. Mejor dicho: nada.

Es como los peronistas según Borges; ni bueno ni malo: incorregible.

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