Nadie le dio vela en este entierro

Federico Jiménez Losantos
El infierno está empedrado de buenas intenciones. Las propuestas de mediación entre una banda terrorista o una actividad criminal y la defensa de las víctimas por un Estado de Derecho no pueden siquiera aspirar a considerarse buenas. Por eso, la intervención de Amnistía Internacional ante la presunta cúpula de ETA para que deje de matar, no es, pese a que pueda parecerlo, ni una buena idea ni, necesariamente, hecha con buena intención. Nadie le ha dado vela en este entierro y, hasta hace bien poco, no se había preocupado mucho por las víctimas del terrorismo. Más bien, por su tendencia izquierdista, tendía históricamente a considerar a los terroristas como víctimas.

Viene de inmediato a la memoria el zascandileo de ese agente o semoviente castrista llamado Pérez Esquivel que, agraciado con el Premio Nobel de la Paz, fue instituido mediador entre ETA y el Estado por ese otro gran zascandil llamado Juan Alberto Belloch. El resultado fue el previsible: nada, pero mucho protagonismo para ese sujeto, que siempre ha estado y estará más cerca de ETA, como su compatriota Hebe Bonafini, que de la España democrática. Por lo demás, no hay sino mirar a Colombia para comprobar que toda mediación más o menos internacional entre un poder legítimo y otro ilegítimo -Pastrana y Tirofijo- debilita al legal y fortalece al criminal.

¿Es esto lo que hace AI? Inevitablemente, sí. Por de pronto, junto al contacto, aunque no entrevista, con ETA (porque ETA no habrá querido) aparecen en la Prensa las intervenciones acerca del Estado español preocupándose por asuntos relacionados con los presos etarras o los terroristas menores de edad, sin descuidar una especie de cautela referida al separatismo radical como algo alejado de ETA y supuestamente confundido y perseguido por los obtusos españoles, hecho que no es verdad y que, además, favorece a la banda contra el Estado. Porque en estos zascandileos, el Estado democrático tiene que rendir cuentas o justificarse de todo, mientras que la banda queda al albur de sus intenciones, que son las de siempre: instalar un sistema totalitario mediante el crimen y el terror generalizados en una parte de España. Si Amnistía Internacional quiere ayudar en la lucha antiterrorista, que lo haga. Si quiere mediar, que se vaya a Cuba, donde, por cierto, pasó muchos años de vacaciones. Una parte de ellos, ayudando a los sandinistas en Nicaragua.

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