Opinión

Llamazares y Zapatero, en evidencia

Federico Jiménez Losantos
Los abucheos a Llamazares y las críticas a Zapatero en los funerales por las últimas víctimas del terrorismo etarra, reflejados implacablemente por las imágenes de TVE, son algo más que un desahogo del dolor o una contrariedad de partido. En Navarra más que en ningún otro sitio de España, incluido el País Vasco, se hace evidente que el proyecto separatista de los criminales no tendría ninguna posibilidad de sobrevivir sin el oxígeno del separatismo del PNV, la complicidad de IU y la frivolidad de un PSOE que no está nunca donde debe y que últimamente multiplica sus despropósitos sectarios, anteponiendo su lucha contra el PP a la lucha común contra ETA. En Navarra más que en ninguna parte se ha recibido a Llamazares como merece, es decir, como se hubiera recibido a Arzallus e Ibarreche si se hubieran presentado en los funerales, o a Atutxa, que en absoluta coherencia con la radicalización de su partido, se negó a interrumpir la sesión del Parlamento Vasco para rendir tributo a los dos policías asesinados; y lo hizo con la misma desvergüenza con que PNV, EA e IU se niegan a cumplir la orden del Supremo de disolver al grupo parlamentario que, según su sentencia, es parte de ETA.

Llamazares es Madrazo y por eso lo abuchean. No en balde Madrazo es parte esencial de la mínima mayoría parlamentaria que defiende a Otegui y compañía, del Gobierno que protege a esa facción de ETA de la persecución judicial y de la ETB que difunde la propaganda etarra mientras se niega a emitir la de las víctimas del terrorismo. Madrazo es también el que equipara a la ETA con el PP, pero luego defiende la presencia legal de ETA en la vida política pese a lo que diga el Supremo y dice que el PP debería ser declarado ilegal porque en sus listas figuran "asesinos" como Aznar, que se han atrevido a derrocar a Sadam Husein y a criticar a Fidel Castro, su modelo político para el futuro campo de concentración de Eusko Rico, estado esclavo asociado a Cuba. Si Llamazares pensaba que acudiendo a los funerales lo iban a tomar por una fuerza política democrática y española, se equivocó de medio a medio. Ni lo es IU ni puede seguir engañando a la gente. Son el partido de Madrazo y con eso está dicho todo.

En cuanto a Zapatero, es el socio de pancarta y de Gobierno de Llamazares, como hemos tenido ocasión de comprobar durante meses. Y es también el pusilánime que, a las órdenes de González y Cebrián, decapitó a Redondo Terreros y colocó a un lidercito inane que ha dado públicamente libertad a sus ediles para pactar con quien quieran, que es la forma de negarse a pactar sistemática y lealmente con el PP. Si Zapatero cree que Odón Elorza, Rojo, Eguiguren y demás sociatas enfeudados al PNV transmiten a la sociedad española un mensaje de claridad y contundencia del PSOE en defensa de la unidad de España y de la libertad, debe tomarnos a todos por tontos o, si se cree muy listo, se equivoca por completo. El resultado de las elecciones del 25-M no es más que la primera pero evidente prueba de descrédito de sus siglas, precisamente por las compañías que cultiva, PNV e IU, y la alianza que rechaza, el PP. Si su opción es, como en la guerra de Irak, estar con los enemigos del sistema esperando hundir al sistema o al PP, tiene ante sí dos escenarios a cuál más lúgubre: que se hunda el sistema, en cuyo caso sobra el PSOE como partido de gobierno, o que el PP y con él el sistema resistan, en cuyo caso sobra él como líder socialista. Los abucheos de Navarra son sólo una prueba de un malestar mucho más profundo de la sociedad española contra sus políticos por no emplearse a fondo contra el terrorismo.

Pero no contra los políticos del partido del Gobierno, sino de los partidos de la oposición. Llamazares y, sobre todo, Zapatero están acabando con cualquier posibilidad de alternativa. Su siniestra política con respecto al terrorismo y el separatismo es un crimen. Y además, un error.
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