Llamazares y el casero Madrazo

Federico Jiménez Losantos
Los derrotados en la última asamblea de Izquierda Unida, en especial los que fueron en la candidatura de Francisco Frutos, no ocultan ya su indignación por lo que consideran una enajenación de la línea política de IU por parte de Gaspar Llamazares, que estaría pagando así el voto de Madrazo para ganar a Frutos y Maestro en la reñidísima votación final. Es verdad que en aquella contienda todos se alinearon con la postura neoestalinista de sostener el Pacto de Estella como una apuesta de diálogo y de paz. Pero si todos buscaban así el voto de Madrazo, todos se equivocaron. Ahora se dan cuenta de que esta forma de pagar su elección hace de Llamazares un líder de alquiler que responde a la orden del casero, en este caso Madrazo. Y que este casero va a terminar por dejarlos a todos en la calle.

Como le pasa a Zapatero con Maragall, está claro que los nacionalistas apoyan a un candidato débil para después pasarle factura de sus servicios. Pero Zapatero entiende que no puede hipotecar su futuro a una elección que ya ganó y deja que Maragall diga lo que quiera sin verse en la obligación de hacerle caso. Llamazares, no se atreve ni a eso. Este chantaje sólo surte efecto en quien después de haber sido un candidato débil e un dirigente de pacotilla, un coordinador coordinado, un líder liderado, un sargento a las órdenes del Comandante Madrazo.

Sin embargo, este pago del voto alquilado por parte de Llamazares antepone escandalosamente el pequeño negocio individual de la carrera política al interés político general de los representados, que son los que les pagan el sueldo a ambos: a Madrazo y a Llamazares. Evidentemente, a Madrazo le da igual: no quiere pasar por las urnas y además espera que el PNV le facilite el paso aunque sea a hombros y sin votos. Pero la sangría de votos que esta política de complicidad con el terror va a suponerle a IU en el resto de España es tremenda. Y muy posiblemente tenga su primera confirmación en las elecciones del propio País Vasco.

Ese será el momento para que los derrotados Frutos y Maestro le pasen factura a un líder de polichinela que en pocas semanas ha destruido todas las esperanzas de renovación depositadas en él. Llamazares ha renovado a IU, sí, pero para convertirla en una sucursal del PNV. Y para ese viaje no hacían falta alforjas. Pronto se dará cuenta de que es más peligroso caerse de un burro que de un caballo, cuando ahora, con bajarse del burro, bastaría. Mañana será demasiado tarde.
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