Libertad Digital: 20 años, de momento

Federico Jiménez Losantos

Ni un solo día, desde que hace hoy veinte años subimos a la red el primer número o entrega de Libertaddigital.com, he dudado de que lo que ayer nos llevó a fundarlo es exactamente lo mismo que nos mueve hoy: combatir a los enemigos de la Libertad y de España, que son los mismos.

Hoy, esos enemigos son mucho más poderosos que entonces. Pero también nosotros, en nuestra modesta pero orgullosa medida, lo somos. Primero, por sobrevivir cuando tantos medios con propósitos en apariencia parecidos han durado poco o desaparecido en estas dos décadas; segundo, porque no hemos cambiado nada sustancial en aquel empeño ideológico. Al revés: cada año hemos ido fortaleciendo, superando infinitas dificultades, el proyecto empresarial que hoy se sustancia en el periódico nativo digital de más influencia en el centro-derecha español y en la cadena de radio más relevante en ese mismo sector desde mi salida de la COPE hace diez años.

Hablo de mí porque no se me oculta el papel que he tenido, tengo y espero seguir teniendo aquí, pero, sobre todo, porque nunca dejaré de agradecer que se me haya permitido tenerlo. Lo que le debo a LD es mucho más de lo que pueda deberme a mí. Si mañana, por la razón que fuere, dejase la radio y el periódico, aunque no como lector u oyente, seguiría siendo lo más importante que he hecho en mi vida intelectual y profesional. Los libros 'me' son más importantes, pero muchos de ellos están ligados a la tarea periodística, cuyo centro es el grupo LD, y los que no lo están suelen pertenecer a un ámbito más privado, como la poesía, o comparten, como el ensayo, los asuntos o dilemas básicos que abordo en la radio o el periódico.

Inevitablemente, todos los aniversarios tienen algo de bautismo y no poco de funeral. Y más aún uno tan redondo como el de hoy: 20 años del periódico y 10 en la radio. ¿Veinte años ya? No: veinte años, de momento.

Una aventura personal y empresarial

Permítanme los lectores que comparta con los veteranos y cuente a los jóvenes algunos aspectos de esta aventura, fatalmente autobiográfica. Libertad Digital nació de una preocupación y de una inquietud: la primera y más importante era que no existía un medio de comunicación diario y liberal en España que ofreciera algo más que los libros, la enseñanza de pocos, si doctos, profesores, y comentarios personales en prensa, radio o televisión. Los había en dos medios: en la abundante prensa escrita de los 80 y 90, sobre todo el Diario 16 de Pedro Jota -del que fui primer jefe de Opinión-, en el Ya de Ramón Pi y el ABC, a los que se sumaron El Mundo y La Razón. En la radio, la COPE y, sobre todo, la Antena 3 de Martín Ferrand, donde apareció "como del rayo" el inolvidable Antonio Herrero y El primero de la mañana, del que fui su primer comentarista político.

En televisión, la primera con espacio para las ideas liberales fue Antena 3TV, también de Martín Ferrand, donde fui comentarista del Telediario de Luis Herrero. Tras el antenicidio me llamaron de Telecinco para el Fuego Cruzado en el telediario nocturno de Ónega con Martín Prieto, luego, en prime time, el de Juan Ramón Lucas con Carnicero y comentarios en el de Luis Mariñas. Nunca tuve allí problema alguno de censura, cosa destacable por inimaginable en la televisión de hoy, salvo en la fórmula de gallinero-tertulia. No hay "cara a cara" o comentario suelto, limpio y claro.

Tras los años de Diario 16 pasé una década como columnista diario en ABC, que bajo Ansón tuvo una época de brillo y sesgo muy liberal, salvo en la Historia de España, enfeudada a Preston y al rojerío sectario. En la COPE, con Antonio, Luis y García, estuvimos más unidos, pero fuimos menos felices que en Antena 3. Yo tuve que irme de España en el curso 95-96, volví, ganó Aznar las elecciones y en 1998 llegó la muerte de Antonio. En La dictadura Silenciosa y De la noche a la Mañana cuento esos años de vértigo: los cinco años en la Linterna y los seis en La Mañana de la Cope. Sin embargo, está por escribir la historia de lo que, al final, ha terminado siendo más importante de todo: los veinte años del grupo Libertad Digital. Esa tarea le corresponde a Javier Somalo, porque tarea no le falte nunca.

La muerte de Antonio Herrero y el nacimiento del grupo

Ahora, pero sólo ahora, veo que fue precisamente la orfandad por la muerte de Antonio lo que me llevó a asumir la responsabilidad de crear lo que en vida él aseguraba: un espacio para las ideas liberales, que eran las suyas. En 1999 fundé con Javier Rubio y José María Marco La Ilustración Liberal. Y al año siguiente, el 2000, hace hoy veinte años, Libertad Digital, con Julio Ariza como socio, Javier Rubio como director y Alberto Recarte como el encargado de hacer posible algo que no había existido nunca: una empresa capaz de sostener un diario en internet. Sobrevivimos al socio y a la crisis económica, mérito suyo que linda con el milagro. Casi nadie lo logró.

Libertad Digital TV ha sido nuestro único fracaso empresarial y mi mayor error, porque mía fue la responsabilidad de hacer esa opción y esa onerosa inversión. La culpa, no. Esa fue de Zapatero, que destruyó toda posibilidad de supervivencia de las pequeñas televisiones privadas al prohibir la publicidad en cadena. Veo7, Canal 10, Intereconomía y LDTV tuvimos que cerrar. Él creó el Duopolio Televisivo que reforzó Rajoy y que tan nefastas consecuencias ha tenido y tiene para España y la Libertad.

La traumática salida de la COPE, por presiones del PSOE, del PP y de Campechano, alumbró esRadio, a la que sólo las intrigas bilbaínas de los obispos impidieron contar con los postes de Punto Radio, cuando estaba ya cerrado el acuerdo con Vocento para crear una cadena nacional completa. Los que de forma alegal empezaron a emitir nuestros programas por su cuenta en Cataluña, País Vasco y Andalucía fueron perseguidos, incluso físicamente, hasta cerrar. Así debimos superar la crisis por el cierre de LDTV -despidos en televisión y bajada de sueldo de toda la plantilla dos años- y, a partir de la emisora de Madrid, ir tejiendo una red que la crisis, al destruir cadenas regionales completas, ha ido poniendo a nuestro alcance. Luis Rodríguez y Javier Somalo sabrán cómo lo han hecho. Pero ahí está.

La relación de la radio y el periódico

La fuerza de Libertad Digital está en esRadio. La incompatibilidad entre internet y radio es falsa. Nuestra ventaja con los demás medios en la red es, además, que logramos crear una plantilla joven y de ideas liberales, cosa rarísima en el periodismo actual, y que es capaz tanto de escribir en el periódico como de hacer radio y de grabar imagen. Nuestra productora Cronos es la encargada de esa parte esencial de la marca LD, además de producir programas para empresas o por encargo. Los podcast y la radio a la carta, sobre todo en móviles y iPads, son el futuro y el presente, que la empresa encara técnicamente con pocos pero suficientes medios materiales.

Y ésta es la madre del cordero o del milagro. La difícil supervivencia financiera del Grupo LD a pesar de las crisis económicas y las zancadillas políticas sigue siendo la de hace veinte años: no recurrir nunca al crédito bancario sino a la ampliación de capital para acometer la continua renovación tecnológica, que es nuestro problema recurrente. Otros lo solucionan recurriendo a los bancos. Nosotros hemos preferido buscar el capital necesario entre los accionistas fundadores y los defensores, con más o menos posibles, de lo que significa el Grupo Libertad Digital en España. Hoy son 1.100 accionistas, que serán más tras la ampliación en marcha, y garantizan, junto al compromiso de los fundadores, nuestra continuidad.

La importancia vital del Grupo se demuestra en que he empezado contando detalles biográficos y anécdotas de hace veinte años, cuando vi venir y avisé en La Ilustración y LD del invierno mediático auspiciado por Aznar, y termino hablando de la ampliación de capital en marcha. Aquel invierno es hoy glaciación audiovisual. Pero el abrigo de nuestros socios no ha de faltarnos. En cambio, la situación de lo que nos trajo al mundo hace 20 años, que es la defensa de España y la Libertad, es infinitamente peor. Desde aquel 2000 de todas las esperanzas e infatuaciones de una derecha idiota, todo lo que denunciamos como peligro se ha demostrado con creces. En lo exterior, el auge del islamismo y la resurrección del comunismo son el telón de la mayor crisis de la Nación desde la Guerra Civil, incluso peor.

Nada ha cambiado, sólo empeorado

El régimen constitucional de 1978, la monarquía parlamentaria cuya base es la Nación y cuyo norte es la Libertad, ha sido puesto en almoneda por un Gobierno ilegítimo que chapotea porcinamente en la ilegalidad, con la complicidad de unos medios de comunicación indiferentes o cómplices del Golpe de Estado en Cataluña, cuya cabeza real habita en la Moncloa. Gracias al infame y perjuro Ejecutivo social-comunista, todos los golpistas se pasean ya por Barcelona libres de volver a intentarlo, como dicen y sin duda harán, porque son los verdaderos amos de la debacle política nacional. Para qué hablar de la Oposición, que se opone sobre todo a sí misma en sus tres variantes partidistas: la insuficiente, la liliputiense y la tronitonante.

Pero hace veinte años fundamos Libertad Digital porque estábamos contra la Izquierda y el separatismo y no nos fiábamos de la Derecha. Lo que ha cambiado es la gravedad de la situación, no su naturaleza. Lo que pensábamos, lo pensamos. Lo que combatíamos, lo combatimos. Lo que nos movía, nos mueve. Los que nos acompañaban, nos acompañan. Son veinte años… de momento. Así que esto no ha hecho más que empezar.

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