Las trolas “progres” sobre la II República

Federico Jiménez Losantos

"De no haber sido por el Golpe militar de 18 de Julio de 1936, la "Niña" cumpliría hoy setenta años" dice Antonio Elorza para empezar su artículo "¡Viva la República!" en "El País" del 13 de Abril de 2001. Nada más falso. Desde dos años antes, en 1934, con la sublevación del PSOE y los nacionalistas catalanes contra la República, porque no se resignaban a haber perdido democráticamente el poder ante una derecha más respetuosa con la legalidad que ellos, aunque no compartiera el "espíritu del 14 de Abril", el régimen republicano estaba condenado a muerte por la propia clase política que lo usufructuó desde que lo trajo, y no precisamente por votación popular sino por deserción del Rey tras la supuesta derrota de los monárquicos en unas elecciones municipales, que además ganaron.

La mejor prueba de que los republicanos estaban dispuestos a cargarse la República para instaurar un régimen totalitario es que lo hicieron. Lo intentaron en 1934 y lo consiguieron desde el mismo 18 de Julio del 36, cuando su superioridad política, económica y militar frente a los alzados les hubiera permitido conservar y fortalecer esas instituciones democráticas que sólo existían sobre el papel, entonces el de las leyes y ahora el de los libros y artículos de una historiografía –Elorza, Juliá, Tussellone– manipuladora hasta la náusea.

La carta en que el presidente del Gobierno republicano pocos meses después del comienzo de la guerra, el socialista Largo Caballero, "El Lenin español", puntualiza nada menos que al mismísimo Stalin que no puede recomponer mucho la apariencia, la simple fachada democrática y burguesa del régimen porque "las instituciones parlamentarias no tienen mucho respaldo entre nosotros" sintetiza perfectamente esa realidad, que Elorza y sus colegas encubren, distorsionan y falsifican.

Otro tanto ocurre con "La vigencia del legado de la Segunda República" que sostiene Rodríguez Piñero al alimón con Elorza en el diario de Polanco, izquierdista ancestral y republicano de toda la vida. "El que la monarquía sea nuestra forma de Gobierno ha hecho incómodo hablar de los "valores republicanos", que son una serie de valores y principios éticos que conforman e informan el conjunto del sistema político", dice quien encabezó la defensa paraleGal del felipismo. Y termina su artículo: "La consolidación y la pervivencia de nuestra democracia debe tener en cuenta esos viejos valores republicanos y los objetivos de renovación y modernización de la sociedad española, más justa e igualitaria, que el republicanismo histórico intentó pero no logró". La verdad, salvo que Piñero se refiera a Lerroux, y sólo después de que abandonara el respaldo político al terrorismo contra el régimen parlamentario de la Restauración y abrazara la causa democrática, como acreditó frente a la rebelión de 1934, no sabemos a qué republicanos ni a qué valores se refiere Piñero. ¿A los de la República de Roma?

En la II República de España, los "valores" de la mayoría republicana eran, por parte de la izquierda, los que quieran adjudicarse a la construcción de un Estado totalitario según el modelo de la URSS y a través de la infalible Dictadura del Proletariado, abiertamente propugnada por el PSOE en las elecciones del 36 tras borrar sus huellas de la derrotada revolución del 34. Con la excepción de la minoría de Besteiro, no hay diferencias entre los "valores" del PSOE desde que pierde el poder en 1933 y los "valores" del totalitarismo comunista que representaba el PCE y que tienen su máxima expresión en la masacre de Paracuellos del Jarama.

En cuanto a los "valores" de la izquierda "burguesa", de los Azaña, Martínez Barrio, Marcelino Domingo o el epígono Casares Quiroga, se limitan a los derivados del anticlericalismo y del sectarismo progresista: prohibición anticonstitucional de más de cien periódicos de oposición y persecución abrumadora, típicamente jacobina, del catolicismo y de los católicos, manifiesta en el cierre de sus establecimientos de enseñanza, en la prohibición legal de algunas órdenes religiosas, la discriminación en todos los ámbitos. Este factor, clave en el fracaso republicano y en el alineamiento de los bandos enfrentados en la Guerra civil, fue anunciado ya en la proclamación del nuevo régimen por la ostentosa pasividad de las autoridades ante la quema de conventos e iglesias, con la consiguiente destrucción del patrimonio histórico y artístico. "Todos los conventos de Madrid –dijo entonces Azaña en una de sus frases más estúpidas y siniestras– no valen la vida de un republicano". Pero no se trataba de matar a nadie. Sólo de mandar a la Guardia Civil, sin cuya ayuda no hubiera llegado la República, a impedir los incendios de iglesias, que se siguieron repitiendo sistemáticamente, como los asesinatos de católicos y representantes de la derecha política, durante los seis primeros años del régimen.

Asaltar por la violencia el Estado cuando se pierden democráticamente las elecciones, discriminar a los ciudadanos en función de sus creencias religiosas, considerar patrimonio intangible la propiedad del Gobierno de la República, asegurar la impunidad del asesinato a cargo de las fuerzas de Orden Público en la represión de las revueltas extremistas, proclamar, en fin, que durante la Guerra Civil, concienzudamente provocada por las izquierdas, seguía siendo democrático un régimen donde los "paseos" y las "chekas" habían sustituido al Parlamento, y donde se podía robar "legalmente" el oro del Banco de España y, de paso, los bienes particulares del resto de los bancos... ¿Son esos los "valores republicanos"? ¡Qué tribu de farsantes!

Un detalle de la distancia entre lo que dicen y lo que hacen estos teóricos de la izquierda instalada: en ninguno de los dos larguísimos artículos de "El País" se alude en serio, salvo para un ajuste de cuentas académico, a Juan Carlos I, actual rey de España, nieto de Alfonso XIII y "sucesor, a título de Rey" de Francisco Franco. Pero eso, que muestra el enardecimiento republicano de estos historiadores con retrovisor, nos tranquiliza. Demuestra que, de momento, Polanco no aspira a ser Presidente de la Tercera República, así que en la casa hay que conformarse con la Segunda. Salvo por lo que hace a la verdad, es gratis.


T i t u l a r e s. . d e. . L i b e r t a d. . D i g i t a l
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