Las ratas y el segundo flautista de Hamelin

Federico Jiménez Losantos
Felipe González es un político carroñero que, como las ratas y las gaviotas, organiza su dieta a base de desperdicios. Pero incluso en él resulta siniestro aprovechar el último atentado etarra para pedir el diálogo, es decir, la sumisión mediante el contacto con la banda terrorista. No le importa que el joven Madina, un socialista que parece nacionalista y que propugna, como el difunto Lluch, una política de rendición de los partidos españoles ante el separatismo vasco sea la prueba viviente y mutilada de que la banda terrrorista no negocia, impone; y que el que se acerca demasiado a esa llama, se quema. El felipismo está dispuesto a utilizar todas las bazas del terror separatista para aislar y desgastar al Gobierno del PP. Y en la grotesca manifestación presidida por el eslogan “No hay más patria que la humanidad” se ha repetido el repelente espectáculo tras el asesinato de Lluch: una manifestación sobre terrorismo que no va contra el terror sino contra los que lo combaten. Ha faltado Gemma Nierga para la oración fúnebre. Será porque, afortunadamente, no había muerto o porque tenía el día libre Iñaki Gabilondo. PRISA no suele fallar en estos casos.

El Gobierno sigue fingiendo que no se entera de que es precisamente PRISA, con su estrella invitada González a la cabeza, la que preside ese bloque anticonstitucional y anti-sistema que ya se ha cargado la política de consenso antiterrorista de Rodríguez Zapatero, que ya ha liquidado la dirección del PSE-EE, con Redondo Terreros a la cabeza, y que ha destruído de hecho el Pacto por las libertades y contra el terrorismo, aunque espere al momento oportuno para certificar su defunción. Aznar alerta a los empresarios del peligro de desestabilización institucional como el problema más grave en nuestro horizonte económico, pero no es capaz de denunciar que el empresario más poderoso de España es la pieza clave de esa desestabilización. Arenas denuncia a González como poder en la sombra del PSOE y amenaza a Pujol por su radicalismo, pero no explica que Pujol sigue siendo otra de las claves de la estrategia del PNV y ETA para dar jaque mate a la España Constitucional. Así se evita tener que explicar las invitaciones a entrar en el Gobierno con que Aznar ha humillado a los votantes del PP para halagar a los de CiU. Y mientras, Felipe González, el Señor X del GAL, diciendo que a ETA “le preocupa más el diálogo” que la “confrontación”. González debe suponerlo por la comparación entre las torturas de etarras en La Cumbre y los contactos dialogueros con ETA de Pérez Esquivel, ambos obra de su Gobierno y ambos fracasados. Pero hay algo que ni antes ni ahora ha intentado contra el terrorismo: la lealtad al sistema constitucional. No está en su naturaleza carroñera.

Pero en materia de higiene hay algo todavía peor que las costumbres de las ratas y es fingir que no muerden. Por desgracia, en España –tanto en el Gobierno como en la Oposición- siempre hay un político que se cree el segundo flautista de Hamelin. Como si, después del primero, las ratas no se supieran el cuento.

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