Ley del Aborto

La "salud psíquica de la madre" y la del legislador

Federico Jiménez Losantos

Ahora que hay tiempo y que Justicia ha colocado la legalidad del aborto en los términos en que lo hizo el Constitucional, como un evidente conflicto de derechos, el de la madre y el del nasciturus, conviene recordar por qué la ley de plazos de Zapatero no sólo vino de la mano del abortismo más lerdo, como aquella ministra que decía que "el feto es un ser vivo pero no humano", sino como una forma de remediar el boquete médico-legal que se abrió por el tercer supuesto despenalizado: el de la "salud psíquica de la madre", que, en la práctica, llevó a perpetrar infanticidios de siete y ocho meses en clínicas que conocemos y en otras más discretas, pero que tenían el mismo brumoso amparo legal.

Sin duda la salud mental de la madre es un problema a considerar, pero no es exactamente un problema de salud psíquica. Un problema mental lo es psíquico, un conflicto o contrariedad psicológica no es un problema mental. En el fruto indeseado de una violación, se pueden dar los dos supuestos. En otros casos, el problema será más delicado. Tal vez el de la violación sea el que mejor encaje en el uso de la "píldora del día después", que no deja de ser un abortivo "antes de antes". Y en el que, por cierto, parece lógico que se produzca un cierto control mediante receta, como ha sugerido Ana Mato.
 
Estamos ante lo que planteaba José Luis Requero en su más reciente artículo en Libertad Digital: la letra pequeña de las reformas jurídicas y judiciales anunciadas por Gallardón, en las que no basta la música, por bien que suene, sino la precisión en la letra, que es lo que debe aplicar el juez. Tenemos la experiencia de las dos fórmulas legalizadoras del aborto: la de supuestos de despenalización y la de plazos. Indudablemente, buscar el consenso amplísimo de los 80 es deseable, pero con este PSOE no parece fácil. Por supuesto, para ciertos sectores, cualquier legalización del aborto será indeseable, pero está bien que se tenga en cuenta su voz. Sin embargo, lo difícil es llegar a una legislación que sea clara en lo legal y no despótica en lo político. Hace falta que la salud psíquica del legislador sea robusta, si no queremos que la nueva legislación acabe volviéndonos locos a todos. El reto es dificilísimo. Hará, hace falta mucho diálogo y no poco acierto.
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