Opinión

La ONU de Fidel y Lula: dictaduras sin fronteras

Federico Jiménez Losantos
La sección de la ONU encargada de vigilar el respeto a los Derechos Humanos en todo el mundo y que en la actualidad preside Libia ha decidido suspender por un año el estatus de observador que hasta ahora tenía la asociación "Reporteros sin Fronteras", precisamente por las críticas que hace unos meses hizo a la elección de la dictadura de Gaddaffi -uno de los regímenes más ferozmente represivos desde hace décadas- para la presidencia de esa comisión. La estrategia para vengarse de la denuncia ha implicado a varias dictaduras de las más feroces y longevas del mundo -naturalmente comunistas: China y Cuba, más la propia Libia- y ha contado con la inestimable colaboración de Brasil, cuya diplomacia desde que llegó Lula al poder respalda las iniciativas del castrismo y de su satélite venezolano.

Para nadie es un secreto que Lula es el verdadero padrino político de Chávez, tal y como Castro lo es militar o, más exactamente, terrorista. De hecho, Venezuela es el eslabón que une al antiguo modelo de La Habana con el aventajado discípulo de Brasilia. En ese triángulo de amigos y cómplices se instala la guerrilla colombiana, que tiene más de Cuba que de Venezuela, pero que cuanta con ésta frontera y con la de Brasil para aligerar la presión que el gobierno de Uribe viene haciéndoles sentir en lo militar y en el tráfico de drogas a Tirofijo y sus secuaces.

Sólo por eso, Lula no debería ser tratado en ningún país -incluidos los USA y la UE- como una especie de santo gordito, un pacifista telúrico y algo torpe al que debe ayudarse a no caer en las trampas de su propia inocencia. De inocente, nada. Lula está demostrando tener bastante habilidad para vender fuera de América una imagen democrática y compatible con el libre mercado, mientras en su continente sigue cultivando las alianzas totalitarias y los lazos sangrientos que durante décadas lo han definido políticamente. Pero incluso la acreditada doblez iberoamericana en materia diplomática, que generalmente se limita a insultar en público a los USA mientras se les corteja en privado, ha ido demasiado lejos en esta ocasión. Y la ONU, también.

Que una organización como la ONU -que pretende tutelar las relaciones internacionales y autorizar o no a las democracias a defenderse de las dictaduras- prive de su estatus legal a un grupo como "Reporteros sin Fronteras" simplemente porque así lo deciden las dictaduras más acreditadamente abyectas del Planeta, retrata a Kakkoffi Annan y, por supuesto, a Lula. Pero nos queda una pregunta: ¿Le dedicarán a este escándalo los medios de comunicación "progresistas" la décima parte de tiempo y espacio que le han dedicado al Caso Kelly y a todo el grotesco culebrón de las armas de destrucción masiva con el que aspiran a vengar a Sadam Hussein? Se admiten apuestas.
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