Manifestación del 18-J

La marcha de los 166.000 niños

Federico Jiménez Losantos
José Luis Rodríguez Zapatero tiene el dudoso honor de ser el primer presidente de la democracia capaz de reunir en su contra y en sólo quince días tres manifestaciones gigantescas, que han congregado a más de dos millones de personas: el 4 de junio en Madrid, la de la Asociación de Víctimas del Terrorismo contra la negociación con ETA; el 11 de Junio en Salamanca para protestar contra la amputación del archivo de la Guerra Civil; y el 18 de Junio, de nuevo en Madrid, la del Foro de la Familia para protestar contra la liquidación de la institución del matrimonio, quizás la más antigua de todas las civilizaciones. Para compensar este mérito invertido, este afán cabezón de poner el cráneo al nivel de los adoquines, ZP podrá presumir en el futuro de haber sido también el primer político español capaz de sacar a decenas de miles de niños a la calle, unos caminando por su propio pie, otros de la mano de sus papás y los más pequeños, incluidos bebés, en su cochecito, todos a protestar contra él. Zapatero I “El Liquidador” está acabando de enterrar la enseñanza pública, privada y concertada, pero a cambio ha abierto escuela de ciudadanía en la calle para todas las criaturas, de bebé a pollita, que van aprendiendo por la vía de los hechos qué es la democracia según la Izquierda y qué son el talante y el diálogo según Zapatero. Una estafa y dos mentiras, respectivamente.
 
Esta inmensa movilización en tres actos se ha producido a pesar del sistemático ejercicio de prevaricación que vienen perpetrando unos cuantos comisarios políticos disfrazados de funcionarios y dirigidos por José Antonio Alonso, que más que ministro del Interior parece de Gobernación, al modo de aquel Camilo Alonso Vega a quien la menguada oposición de entonces (el PSOE brillaba por su ausencia) bautizó “Camulo”; con la Vicepresidenta del Gobierno ejerciendo de avinagrado portavoz del sectarismo, manipulando los hechos, las palabras, los propósitos y el comportamiento de millones de españoles con una desvergüenza que no se veía en España desde hace medio siglo; y con un Fiscal General del Estado, Cándido “Corcu” Pumpido, émulo del Vichinsky de Stalin como Alonso del Djerzhinsky de Lenin. Para esta secta, logia o Estado dentro del Estado no hay más ley que su ley ni más orden que el que nos pretenden imponer. Se detiene a pacíficos manifestantes contra el terrorismo por el delito de tener carné del PP, imputándoles una inventada agresión contra el Ministro de Defensa; se silencia en las televisiones públicas y privadas estas inmensas movilizaciones contra el despotismo progre; o, sin ningún temor al ridículo, se manipulan las cifras de asistencia. A 166.000 ha reducido la policía política de ZP el millón y medio de manifestantes que calcula la organización del 18-J. Se habrá limitado a los niños, que es lo que tiene más mérito.
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