La izquierda quiere hacer con Vox lo mismo que con el PP en el 11M

Federico Jiménez Losantos

Sería un error creer que la Izquierda ha cosechado un fracaso serio tras probarse que la campaña bautizada en las redes #elbulo del culo era una zafia manipulación por parte del Gobierno y sus sicarios mediáticos. La izquierda neocomunista, leninista y gramsciana, es una mezcla de mentira y terror. Mentira para alcanzar el poder y terror para mantenerlo. Pero cuando ya se tiene el poder en una parcela -por ejemplo, en los medios de comunicación y la Enseñanza-, se impone el terror. Y no es el Estado, a través de la policía, ni siquiera la judicatura, al menos habitualmente, los que se encargan de aterrorizar a la oposición. Son los medios, sobre todo los audiovisuales, los que machacan con la velocidad abrumadora de la red el objetivo, sea éste una persona, un partido o algún hecho propagandístico.

Si no se ataca, siempre se pierde

Los partidos políticos en general, y los de la Derecha en particular, viven en permanente sobresalto ante las noticias, bulos o declaraciones que aparecen en las redes, los medios, los partidos y el Gobierno -en este orden- y atrincherados en gabinetes de comunicación, se dedican a desmentir lo que les imputan o al llamado "control de daños", si el asunto es inocultable. Pero rara vez es la Derecha la fuente de alguna desinformación deliberada o espontánea. Lo habitual es que todo nazca en la Izquierda, y que suceda siempre lo mismo: batahola mediática, indignación moral, fieros insultos y exigencias de rectificación y petición de perdón, que de todas formas no se obtendrá, porque "llueve sobre mojado" y la derecha nunca será perdonada.

Así, la Izquierda, que toma la iniciativa, gana siempre: porque hace daño a la Derecha, aunque acuse falsamente o exagere cualquier hecho y por una postura de sumisión mucho más profunda y a la que, hasta ahora, no se le ha buscado ni encontrado solución: porque la Derecha no lleva la iniciativa. Es más, renuncia oficiosamente a ella. Y en la política como en el fútbol y en casi todo, si se renuncia al ataque, hay muchas posibilidades de ser derrotado. Y si se renuncia al contraataque, la derrota es segura.

La guerra civil dentro del PP

Se dirá que, en este caso, Vox ha resistido mejor que el PP, que no resiste nunca, con la excepción de Díaz Ayuso, que responde a los ataques siempre. Pero la presidenta de Madrid es la excepción, y por eso Casado ha inaugurado la convención del PP de Octubre apuñalándola en Septiembre, con el descaro de Rajoy en el congreso búlgaro, oh, casualidad, también de Valencia, cuando dijo: "el que quiera irse al partido liberal, que se vaya, y el que quiera irse al partido conservador, que se vaya". Y se fueron: a Vox, para quedarse, y a Ciudadanos, por irse. El PP perdió la mitad de su electorado. Y sin los gestos de Casado el primer año, lo hubiera perdido entero. Al declararle la guerra a Ayuso, por un ataque de celos tan rastrero como evidente, concede a la Izquierda el relato del congreso valenciano: si al final va Ayuso, que ha anunciado un viaje a Estados Unidos que tal vez le impida acudir -y hará bien- será la figura presente; y si no va, la ausente.

El asunto es de gran importancia y afecta a toda la derecha, no sólo al PP. Esperanza Aguirre ha denunciado que al atacar a Ayuso se ataca al principal enemigo del sanchismo. Cayetana Álvarez de Toledo ha añadido que "tenemos una deuda con Ayuso", y que no entiende que Almeida se preste a hacer un papel tan penoso como el que le ha endilgado Casado. En realidad, ambas han sido ya víctimas de Zipi y Zape, de Casado y Teodoro.

Teodoro ha dicho que la presidencia de Esperanza -¡72 escaños!- acabó mal; que es mejor tres poderes: Ayuso, Almeida y García Escudero. Hace un mes dijo que, si él fuera del PP de Madrid, votaría a Ayuso. Pero la palabra de Zape Egea, o Zipi Casado, vale ya tanto como la de Sánchez. La verdad es que Otelo Casado, cuyos celos atiza Yago García Egea, quiere estrangular a Desdémona Ayuso; y Almeida, que aceptó la portavocía del PP para tapar la sórdida puñalada a Cayetana, es el pañuelo o coartada del crimen. Sucede que Ayuso es mucha Desdémona para dejarse estrangular por Almeida y Carromero, el mayordomo y el menordomo de Zipi y Zape.

La situación interna del PP, esta guerra civil contra Ayuso desatada por Casado y Teodoro en vísperas de la convención de Valencia, tiene una importancia crucial en la guerra desatada por el Gobierno y sus socios y sicarios mediáticos contra Vox, con la intención, avisada hace años ya por Abascal en una de las primeras entrevistas que le hice como líder de Vox, de ilegalizar al partido decisivo para formar una mayoría alternativa. Si la rana Casado insiste en croar que quiere gobernar sola, sin depender de Vox, respaldará implícitamente la estrategia del escorpión Pedro Sánchez. Y se distanciará de Ayuso y de Madrid, el gran escaparate de ese pacto político.

Y aunque después de esta recaída en el cainismo de Zipi y Zape no tengo esperanzas de que se bajen de ese burro y se nieguen a cruzar el río con el escorpión Sánchez sobre su lomito verde de rana maricomplejines, quiero recordar que la suerte que corra Vox será la que corra el PP. Porque el PP, cuando Vox formaba aún parte destacada de él, ya sufrió la táctica del acorralamiento y el linchamiento mediático con noticias falsas. Fue el 11M de 2004. Y los que se inventaron los terroristas suicidas con tres capas de calzoncillos son los mismos, hasta físicamente, que ahora se han rasgado las vestiduras de terciopelo subvencionado por #elbulodelculo.

La gimnasia revolucionaria de la Izquierda

He dedicado bastantes páginas en El adiós de Aznar y Los años perdidos de Rajoy a ese episodio, eterno baldón de nuestra democracia. La clave está en el término que Pablo Iglesias citaba de García Oliver, jefe de la CNT-FAI: la gimnasia revolucionaria, la movilización permanente que es necesaria para la revolución. Durruti, los Ascaso y García Oliver crearon la FAI para que la CNT no se limitara al papel sindical de negociar mejoras para los obreros, y que no perdiera nunca de vista la conquista violenta del Poder. Y García Oliver dijo -véase en YouTube- en el entierro de Durruti: "fuimos los mejores terroristas". Iglesias lo evocaba con esa nostalgia de las pistolas que siempre le puede, y que ha delatado gráficamente en su artículo sobre la posibilidad de que formen gobierno PP y Vox. Su forma de impedirlo es, claro, la violencia, reactivar el golpismo en toda España, con los comunistas junto a los separatistas y buscando atraerse al PSOE.

No citaba la experiencia del 11M, porque alguna vez hay que parar, pero muchas veces se ha atribuido, el fantasmón, nada menos que el cerco a las sedes del PP en la jornada de reflexión, clave de la derrota electoral de 2004. En realidad, como explico en los libros citados, además de la SER y los programas deportivos de las radios, el éxito nació de la práctica de dos años de acoso callejero al PP a cuenta del chapapote y la guerra de Irak.

Esos dos años de gimnasia revolucionaria contra un gobierno que había ganado las elecciones por mayoría absoluta -y pese a los dos años de acoso, ganó las municipales- explican la rapidez con que la Izquierda cercó y apedreó más de cien sedes. En pleno shock por el 11M y antes de votar, los insultos a Aznar culpándole de la masacre y luego de mentir sobre los terroristas suicidas -ya se vio quién mentía, pero tarde- no costaban ningún esfuerzo porque la despersonalización, el odio y la criminalización del PP, que entonces era toda la derecha, era lo normal, lo ya ensayado en la calle.

Contra la derecha vale todo

Muchos se han sorprendido de que, aparte de Marlaskaña -como lo ha rebautizado Somalo-, prácticamente ningún periodista de los muchos que difundieron #elbulodelculo y culparon a Vox ha pedido disculpas. Al revés, se han ratificado: Vox es culpable, si hace algo y si no lo hace, por existir. Esa era exactamente la situación del PP tras el segundo mandato de Aznar. Muchas cosas merecían crítica, pero la esencial fue la conciencia de la Izquierda de que contra la Derecha vale todo. Ayer, el PP, mañana, Vox.

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