La intolerable pasividad del PP

Federico Jiménez Losantos
Como sucediera durante la guerra de Irak, cuando tardó varias semanas en denunciar el asalto a sus sedes y la agresión a sus candidatos “para no armar más ruido”, “para no hacerles el juego” o simplemente para no dar la cara, el PP lleva una semana aceptando que el PSOE, y en especial su policía privada de la Cadena SER, le achaque toda clase de delitos para comprar a los representantes del PSOE. Y lo que podía ser prudencia en una primera visión de los hechos vuelve a demostrarse como pura y simple cobardía, como desprecio total por los derechos cívicos de los ciudadanos que les confían su voto.

Comportándose como si fueran dueños absolutos de su representación política y no meros gestores de la dignidad cívica de sus votantes, los dirigentes y los dirigidos del partido de Aznar admiten que les llamen ladrones, aceptan que les llamen golpistas, asumen que les difamen, toleran que les injurien, sobrellevan sin esfuerzo que les achaquen golpes de Estado o conjuras mafiosas, y todo ello ni siquiera lo hacen con una silenciosa sonrisa masoquista que pudiera pasar por virtuosa sino fingiendo algo de indignación y amenazando con denunciar ante los tribunales a quienes les injurian. Sólo amenazando. A la hora de la verdad, ni se defienden de palabra ni de obra, ni políticamente ni judicialmente. Son el payaso de las bofetadas de la democracia española, son el partido de los complejos, son la derecha estúpida del 77 y del 2003, que admite todos los palos con buena voluntad y que siempre está dispuesta a reconocer las virtudes de la izquierda y a negar las propias.

Es de temer que la estólida inacción, la cobarde parálisis, la indecente indiferencia que aqueja al PP, muy especialmente a su Secretario General, Javier Arenas, provenga del virus de la Sucesión, que lleva a todos los importantes del partido con la suficiente cara dura a ponerse de perfil y mirar para otro lado cuando pintan bastos, para no “significarse” mientras el Faraón pone el huevo. Parecen niños del tardofranquismo obedeciendo a sus mamás cuando decían: “hijo mío, no te metas en política”. Ellos se han metido a mandar, pero eso de la política es cosa de los progres, de los intelectuales, uf, qué lío, parecen decirse, ya escampará, ya escampará...

Pero no escampa. Y como depositarios de la representación ciudadana no es posible que sigan aceptando las injurias sin reaccionar. O empezaremos a pensar que, en efecto, si no van a los tribunales es porque son los delincuentes que la SER y el PSOE dicen que son, sólo que todavía no los han pillado. Quien calla, otorga. Y el PP ya ha callado por demás. Ahora debe hablar y actuar por los demás. Por los que les confieren dignidad y les pagan el sueldo.
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