Opinión

La inteligente estrategia de Rajoy

Federico Jiménez Losantos
Hay mucha gente en la base política, social y electoral del PP que está tan dolida, tan justamente indignada por la forma en que su partido ha perdido el Gobierno que lo único que quiere es ver a sus representantes atizándoles día y noche a Zapatero y los suyos, sin consenso ni gaitas: mordiscos a la yugular y leña al mono hasta que hable inglés. Razones tiene la derecha sociológica para sentirse indignada y tampoco le faltan para sentirse deprimida, viendo a algunos de los suyos tan maricomplejinados y tan lelos. Pero también en política, la venganza es un plato que se come frío y se cocina lenta, muy lentamente. La estrategia de Rajoy de ofrecer consenso al PSOE en las reformas constitucionales y estatutarias que dice querer no fue entendida al principio pero pronto ha empezado a rendir frutos. Del primer encuentro Zapatero-Rajoy sale un mensaje bastante claro: el PP compite en buen talante –el dichoso talante– con el PSOE, pero la derecha tiene una idea de España y la izquierda no sabe qué hacer con ella.
 
Y es que el estremecedor invierno mediático propiciado por los gobiernos de Aznar (y Rajoy, y Rato, y Mayor, y Arenas, y prácticamente todos los demás listillos) obliga ahora al PP a una tarea de hormiguita pedagógica, poniendo de manifiesto las debilidades del PSOE pero sin ofrecerse como blanco para la única política real que tiene este PSOE que no pasa de PSC y no va más allá de ERC: oponerse al PP. Basta con que el PP ofrezca consenso aunque, lógicamente, no incondicional para que se perciba con toda claridad la falta absoluta de proyecto nacional y de criterio político en el Gobierno y el conjunto de la izquierda. Cuando, además, Rajoy explica a la opinión pública inmediatamente después de reunirse con el presidente del Gobierno que se ha asomado al brocal de la nada, conforta a los suyos y mete el miedo en el cuerpo a los ajenos. La estrategia de Rajoy es inteligente, juega a medio plazo y tiene como horizonte las municipales y autonómicas de 2007, acaso coincidentes con las Generales. ZP está objetivamente a merced de las ocurrencias de Maragall. A Rajoy le basta con que este mensaje llegue a la opinión pública, adormecida por la propaganda progre pero no definitivamente idiotizada. Ahora tiene que conseguir que los suyos lo entiendan. Y esa pedagogía particular es casi más necesaria que la nacional.
 
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