La herencia tonta de Lucas

Federico Jiménez Losantos
Es dificil recordar un episodio de estupidez tan logrado y tan absurdo como el de la encuesta fantasma del CIS, que ha dejado en evidencia al flamante ministro de la Presidencia, Juan José Lucas. En los círculos concéntricos de la información oficiosa, única materia en la que destaca este Gobierno de la Mayoría Absoluta, se dice que Lucas está que trina, que brama o que barrita, según el animalito que se elija para la metáfora. Y el motivo de su indignación es que se enteró por la prensa de la última hazaña de Jorge Fernández Díaz, la difícil herencia recibida de Mariano Rajoy que Lucas aceptó a beneficio de inventario. Estaba tan feliz con el nombramiento que ni se fijó en lo que heredaba. Ya empieza a darse cuenta.

La índole estúpida del lance no radica en los resultados, aunque también, sino en el dato de que casi un 40% de los encuestados dice que no sabe / no contesta. Con ese dato básico, las atribuciones de escaños son pura hipótesis, una aventurada elucubración sobre la verdadera intención de quienes no se atreven a confesarla. ¿Por qué salir entonces con la pata de banco de que, según el mayor de los Fernández Díaz, no estaban terminados o terminados de tabular los resultados de esa encuesta que no vale para nada?

Por desgracia, el grado de ensoberbecimiento, ensimismamiento y autismo que ha alcanzado este Gobierno le impedirá sacar las conclusiones lógicas de este lance, que van más allá del aparatoso patinazo del Ministerio de la Presidencia. Las costumbres oscurantistas servidas por políticos mediocres acaban produciendo estos frutos podridos de la idiocia, estas contribuciones involuntarias al lío y al desconcierto que en nada ayudan a la causa de la lucha por la libertad en el País Vasco y en el conjunto de España. Y es que la bondad, asistida por la estupidez, no acaba en maldad pero sí en impotencia y desesperación.

Por cierto, ¿qué hace falta para que un alto cargo del Gobierno Aznar tenga que dimitir? ¿Tiene que matar a alguien, debe aspirar a la Moncloa? ¿No basta con una metedura de pata tan monumental como ésta de Fernández y Lucas o Lucas y Fernández?

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