La guerra contra el terrorismo será muy larga

Federico Jiménez Losantos
El espíritu de observación de un pasajero del vuelo París-Miami de American Airlines, bastante más fino que el de las autoridades del aeropuerto, ha evitado según todos los indicios la voladura de un avión en pleno vuelo con casi doscientas personas a bordo, precisamente al cumplirse el final del Ramadán, que era el momento elegido y proclamado por Ben Laden para reanudar los atentados. También anunciado y temido por el FBI y las autoridades de los USA, ya se ve que con sobrados motivos.

La constatación de que existe un amplio número de psicópatas islámicos dispuesto a inmolarse asesinando occidentales en general y estadounidenses en particular obliga a contemplar el escenario más duro pero más previsible desde el 11 de Septiembre: no hay seguridad ni la habrá para los ciudadanos estadounidenses y de los países aliados mientras el terrorismo islámico, vivo o muerto Ben Laden, tenga capacidad de actuar. Y estamos muy lejos de acabar, al menos, con los aspectos más evidentes y temibles de esa capacidad. La guerra contra el terrorismo debe continuar y continuará porque hay terrorismo islámico para bastante tiempo y las víctimas pueden hacer cualquier cosa menos resignarse a serlo y no defenderse. Es muy posible que no termine nunca, al menos en un plazo de años previsible, pero eso sólo debería animar a los gobiernos occidentales, a los medios de comunicación y a los ciudadanos corrientes a participar en esta guerra contra el terrorismo cuyo enemigo es común porque su blanco somos todos.

En el aeropuerto de París, las autoridades impidieron el día anterior que este mismo terrorista tomara el mismo vuelo. Alguien tendrá que explicar ahora cómo consiguió tomarlo al día siguiente llevando un explosivo en el zapato. Alguien que, antes de ser expulsado de su trabajo, deberá servir como ejemplo de lo que ya no es tolerable en ningún aeropuerto occidental: la desidia, la indiferencia y la falta de interés en detectar y neutralizar cualquier peligro en forma de persona o cosa que pueda subir a un avión. No es casualidad que sea Francia, modelo de indiferencia ante el terrorismo etarra y no sólo etarra, el escenario de esta escalofriante irresponsabilidad. Pero eso abunda en lo que apuntábamos: esta guerra contra el terrorismo va para largo. Para muy largo. Y es que hay frívolos, idiotas e incompetentes a todos los niveles y en todos los países occidentales que todavía no se han enterado de que estamos en guerra. Ellos también.

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