La estrategia de Arzallus, González... y Polanko

Federico Jiménez Losantos
Cuando las cosas se ponen serias en un partido de fútbol, los líderes piden el balón, porque la responsabilidad es inseparable del liderazgo. En la política sucede lo mismo: el líder tiene que asumir el protagonismo cuando las cosas van mal. Y como para el PNV y la facción felipista del PSOE la campaña electoral vasca no está yendo bien, ya han salido a escena los líderes principales: González pidiendo el apoyo a "sus amigos del PNV", o sea, los firmantes del Pacto de Estella; Arzallus anunciando que cuenta con los votos de ETA para seguir en el poder y anunciando que pactará con el PSOE a cambio de la cabeza de Nicolás Redondo.

Sería una baladronada defensiva del caudillo bizkaitarra si no la hiciera desde las instalaciones que su nuevo socio y aliado Jesús de Polanco ha puesto a su disposición. Porque en esta última semana el viraje del imperio polanquista a favor del PNV y en contra de los partidos españoles y constitucionales está siendo espectacular, desde "El País" a la SER. Bien está Savater para cubrir el expediente y hacerse fotos heroicas, pero a la hora de la verad, la de las urnas y la de la cuenta de resultados, Don Jesús se llama Polanko.

Estamos, ahora sí, ante una auténtica conspiración contra la democracia y contra España. Como aquella "republicana" que se inventaron entre Polanco y González para impedir el acceso del PP al poder y que, según Vilallonga, peón de aquella intriga iniciada por Juan Tapia en "La Vanguardia", contó con el respaldo de la mismísima Zarzuela. Pero en esta ocasión no se trata de una maniobra para tapar corruptelas y corrupciones, sino de tomar partido por Arzallus y contra los dos partidos que defienden la nación española y las libertades ciudadanas: el PP de Aznar y Mayor, y el PSOE de Redondo y Zapatero.

Sólo tiene una ventaja este destape de los tres líderes de la desestabilización política, del jaque mate a la posibilidad de invertir el ciclo trágico del terrorismo nacionalista en el País Vasco: que ya nadie se puede llamar a engaño. Bien claro está lo que quieren Arzallus, González y Polanko. Y clarísimo está que lo quieren juntos.

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