La esquizofrenia permanente

Federico Jiménez Losantos
Una de las peores tradiciones del PSOE es la de poner sus intereses de partido por encima de los de España, bien identificando las necesidades de la nación con su caprichos, bien sometiéndola a sus ocurrencias, apocalípticas y siniestras. Desde la fundación de la UGT y el PSOE a finales del siglo XIX como organizaciones de clase, marxistas y revolucionarias, no ha habido década en la historia española sin sobresaltos promovidos por los socialistas. Lo mismo protegían a criminales como Ferrer Guardia que amenazaban de muerte al Jefe del Gobierno legítimo, como hizo Pablo Iglesias en las Cortes con Antonio Maura. Lo mismo promovían la Huelga General Revolucionaria del 17 al estilo de Lenin que colaboraban con la dictadura de Primo de Rivera, al estilo Mussolini, como hizo Largo Caballero. Lo cual no impidió que el mismo Largo Caballero, tras formar parte del Gobierno Provisional de la II República en 1931 en hábito reformista, encabezase el viraje bochevique contra la II República que se tradujo en el fallido golpe de estado revolucionario del 34 y la guerra civil iniciada entonces y generalizada en 1936, momento en que, otra vez Largo Caballero, con la complicidad de Prieto, puso el oro del Banco de España y la suerte de la República en manos de Stalin.

Por cierto, que hay una carta de Stalin aconsejándole a Largo que conserve, siquiera en apariencia, las “instituciones burguesas”, con Azaña como mascarón de proa, y una respuesta del entonces Jefe del Gobierno socialista, don Francisco Largo, explicándole a Stalin el desprestigio del parlamentarismo en sus filas, que no tiene desperdicio. Podría ponerla Peces Barba como texto de referencia en su universidad particular, la Carlos III.

Con la democracia, podría suponerse curada la tentación esquizofrénica del PSOE, pero no. Se dijeron partidarios de la monarquía constitucional, pero defendieron y votaron la república como forma de Estado en 1978. Tras su pacto con el PCUS, González, Guerra y compañía negaron la legitimidad del Parlamento para votar la entrada de España en la OTAN, anunciaron un referéndum para enmendarle la plana y acabaron haciéndolo para quedarnos dentro pero “fuera de la estructura militar”. Y la tradición esquizofrénica no acabó con González, quizás porque González tampoco ha acabado. En estos momentos hay una parte del PSOE –González, Lequina, Odón Elorza, Maragall– a favor del PNV y la negociación con ETA, y otra parte totalmente en contra de Arzallus y la sumisión al terrorismo. Zapatero critica la subida del impuesto de la gasolina, mientras Ibarra crea el impuesto contra los bancos y Antich mantiene la ecotasa.

En fin, tras proclamar la necesidad de una reforma de la Universidad, víctima del sectarismo socialista en los 80, el mismo Zapatero se pone al frente de una manifestación rectoral y estudiantil contra esa reforma, fletando incluso autobuses para engrosar una convocatoria más de funcionarios socialistas que de estudiantes universitarios. No hay un solo asunto importante de la política nacional en la que el PSOE no esté simultáneamente a favor y en contra. Y además, con entusiasmo. Probablemente eso es lo peor: además de esquizofrénicos, entusiastas. ¡Qué cruz!

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