Opinión

La Equidistancia o "centrismo" de izquierdas

Federico Jiménez Losantos
La Izquierda española acaba de descubrir el centrismo. Hasta ahora le bastaba recordar que no era de derechas para sentirse superior, moralmente invulnerable y políticamente mollar, chachi, pluscuamperfecta. En cambio, la derecha tenía que bautizarse como centrista para recalcar que no era de derechas, lo que producía un doble y patético efecto: todos le seguían llamando derecha menos la izquierda, que le llamaba extrema de derecha, aunque se disfrazara de socialdemócrata. Aznar ha sido capaz de cambiar los contenidos de la derecha española pero ha canonizado sus complejos. Zapatero, tras unos primeros meses de inteligente sagastismo aznarista, está consiguiendo redondear la cuadratura del círculo estrellado: al complejo nacional español que la izquierda padece ante los separatistas ha añadido una reedición de seguidismo golpista del peor PSOE: el de 1917, 1923, 1934, 1936... El desmedrado político leonés va a conseguir un milagro: que la época de gobierno de González acabe resultando la menos mala de las muchas, controvertidas y violentas estadías del socialismo en el Poder. Duele admitirlo, pero es así.

Como sucedió con Adolfo Suárez y la UCD, este desastre socialista con acelerados visos de naufragio nace de la falta de principios claros, capaces de sustentar unas ideas sólidas y de plasmarse en programas de Gobierno verosímiles. Y el primer principio claro es el de elegir el sujeto político de la soberanía y la libertad, que desde 1812 es y sólo puede ser la Nación española. Como el PSOE nació como partido antisistema y no ha superado nunca su esquizofrenia entre el reformismo y la revolución, oscilaba entre formas totalitarias de izquierda y fórmulas socialdemócratas. Pero esa diferencia, digamos , cuantitativa, se convierte en algo mucho más grave cuando instala la virtud política y propugna una legitimidad que se sitúa entre la legalidad y la ilegalidad, entre el Estado y el Golpe de Estado. Si el centrismo ucedeo oscilaba entre el franquismo y el PSOE, estúpidamente identificado con la democracia y cuya llegada al Poder coincidió lógicamente con la desaparición de UCD, este PSOE del 2003 oscila entre el Pacto Antiterrorista y el separatismo filoterrorista del PNV, entre la defensa de la Constitución y su demolición, y a esa esquizofrenia la denomina equidistancia, probablemente porque lo inhabilita para el Gobierno tanto como para dirigir la revolución. A lo único que puede aspirar es a “compañero de viaje” del separatismo rupturista, que lo utiliza tanto como lo desprecia. Madrazo apoya a Zapatero. ¿Cabe mayor prueba de su degradación?

Siempre sucede lo mismo cuando se sustituye la ética por la geometría: se abandona una y no se consigue la otra. El supuesto equilibrio nace moralmente desequilibrado y acaba fatalmente descalabrado.

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