La derrota de Powell y el futuro de las palomas

Federico Jiménez Losantos
Aunque en la dinámica informativa de todas las guerras cualquier suceso pasado carece de importancia o suele ser arrastrado por el vértigo de la noticia, conviene resaltar antes de ser arrastrados por el turbión de los hechos un fracaso político o más bien una sucesión de fracasos que deberían pesar en el futuro de la nueva alianza atlántica. Pocas veces ha sido tan ridiculizada una estrategia negociadora como la auspiciada por el Departamento de Estado USA bajo la dirección de Colin Powell. Pocas veces un país tan poderoso como los USA se mostró tan vulnerable. Es cierto que por complacer a Blair se perdió mucho tiempo en el Consejo de Seguridad, sin más resultado que sofocos y humillaciones. Pero no es menos cierto que, paralelamente a esa necesidad política del aliado más fiable (hasta ahora, casi siempre el único), Colin Powell avaló dos estrategias, la de los inspectores y la del respaldo militar de los aliados vecinos de Irak, que han fracasado estrepitosamente. Blix se convirtió en el mejor agente publicitario de Chirac y Sadam, haciendo creer a la opinión pública que inspeccionaba algo. Y Turquía ha supuesto uno de los mayores chascos diplomáticos de los USA en los últimos tiempos, pese a que Powell aseguró al Pentágono que las negociaciones estaban prácticamente culminadas.

En rigor, ha sido la doblez de Chirac y la cobardía de los llamados “indecisos” lo que ha llevado a una derrota total del bando de las “palomas” en la Administración Bush. Nunca hubo, por lo que hemos visto, intención de negociar nada, ni por parte de Sadam (como ya se sabía) ni por parte de Francia (como debió sospecharse). Tenían razón los “halcones” sobre lo que cabía esperar del Consejo de Seguridad de la ONU, que era, simplemente, nada. Tenían razón al decir que era mejor atacar sin pedir más permiso que el que expresa y ampliamente concede la resolución 1441. Tenían razón al desconfiar de la postura francesa y alemana. En lo único que los “halcones” no han acertado, probablemente, es en la predicción acerca del papel de España, que ha resultado un aliado tan fiable como Gran Bretaña y con menos fe en la ONU. Es el último, aunque no el menos importante, fracaso de las “palomas”. Las buenas intenciones han acabado por arruinar el crédito político de todo el palomar.
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