Opinión

La comisión del 11-M y el futuro del PP

Federico Jiménez Losantos
El PSOE ha quedado retratado en la comisión del 11-M como el partido de los que tienen algo que tapar. Con doscientos muertos y un dramático cambio de Gobierno de por medio, es una auténtica losa ante la opinión pública sensibilizada, que es la que al final conforma los estados de opinión, que le costará mucho levantar. Por supuesto, esta convicción de que el PSOE oculta algo, está protegiendo bajo un manto de silencio a los que ayudaron por acción u omisión a la masacre y a los que le ayudaron a manipularla en la opinión pública, es más acusada en los electores de Derecha, pero también en los de Izquierda que antaño votaban a la IU de Anguita (y de “la pinza” con el PP) o incluso entre los que votaron al PSOE el 14-M por un impulso emocional que ahora consideran desvergonzadamente manipulado.
 
El golletazo final de Rubalcaba a la comisión, impidiendo, en comandita con los escombros parlamentarios de comunistas, nacionalistas y republicanos separatistas, que testimoniaran los confidentes, los periodistas y hasta el secretario de Estado de Seguridad, después de haber sometido a un auténtico baño de perjurio a la comisión, desde el Portero Automático Aleccionado hasta el Forense Indocto pasando por los arruches, cuadros, telesforos y hernandos, que más tarde o más temprano acabarán en un sumario por su actuación antes o después del 11-M y por denegación de auxilio a la Justicia, entre otros cargos. Y si no, al tiempo y a los garzones. ¡Viene en la Historia!
 
Pero el PP, aunque fortalecido en la medida en que se debilita su adversario, no sale tampoco fortalecido de esta prueba, porque ha quedado claro que sólo a remolque de los acontecimientos, en función de las revelaciones periodísticas de “El Mundo” y por su propia debilidad mediática y el acoso a que le somete la mayoría parlamentaria ha asumido el mandato moral de llevar hasta el final la investigación sobre el 11-M, sobre quién mató a 192 personas para cambiar el Gobierno y la política de España, con triste e indudable éxito.
 
Rajoy y Acebes entraron en la comisión con el único propósito de lavar el honor de Aznar, Acebes y el Gobierno del PP. No tuvieron la sensibilidad elemental de entender que el honor de unos políticos, aunque los votemos, nos importa muy poco. Por visto, a ellos les importa mucho más salvar su honorcito lastimado que averiguar lo que pasó antes y después del 11-M, al margen de que perdieran el Poder, que es lo único que, además de su honor, parece importarles. Esa falta de principios y de criterio afecta tanto a Aznar como a Rajoy, a la dirección del PP de ayer y a la de hoy. Pero, evidentemente, al que más debilita es a Rajoy, que en sintonía con Acebes y demás, ha mostrado su peor cara: la del hombre de las componendas con el pasado presente, sin ganas de renovar a fondo el partido, hacer oposición y preparar el futuro. No sale Rajoy fortalecido de esta comisión, y aunque culpe con razón al PSOE de esa “burla”, también él estaba por la labor de tomarnos moderadamente el pelo y “pasar página” cuanto antes. Eso no era posible moralmente y ahora no lo es políticamente, pero tanto bandazo ha debilitado al PP. Y también a Rajoy ante su Congreso. Las aplastantes mayorías de culiparlantes y nóminas no duran mucho en la Oposición. Rajoy no ha querido hacer de la comisión del 11-M su primera trinchera moral y política en esta guerra de desgaste contra el zapaterismo. Y se le ha notado mucho. Puede ser y es un brillantísimo jefe de la Oposición. Nos gustaría mucho más que fuera una Alternativa.
 
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