Jiménez de Parga

La cobardía histórica de Rato

Federico Jiménez Losantos
Ha dicho en Parla el candidato Rodrigo Rato –para menoscabar, criticar, zaherir y silenciar a Jiménez de Parga– que las “comunidades históricas existen y son un gran hallazgo”. Para la izquierda sin principios y la derecha sin vergüenza, desde luego. Para quienes creen que la Constitución, como ella misma dice, se fundamenta en la nación española única e indivisible, lo de las nacionalidades y regiones o las comunidades históricas es una de esas felonías intelectuales que acaban pasando factura política. La pena es que, como ha sucedido en otros ámbitos, la factura de la ambición de Rato la pague el resto de los españoles, o sea, la nación.

Afortunadamente, queda un candidato del PP a continuar en la Moncloa, Jaime Mayor Oreja, que mientras el servicial vicepresidente económico –servicial con Polanco, claro– atacaba al presidente del Tribunal Constitucional por defender a la nación y a la Constitución, gravísimos delitos, ha tenido el gesto de defender a Jiménez de Parga en el cubil de la fiera, o sea, en la mismísima Cadena SER. Por supuesto, si Rato, no digamos ya Piqué, fueran los únicos que pidieran el voto para una derecha que no cree en nada salvo en la parcela que puedan vender para financiar su aventura personal, el PP podría dar por perdidas ya las elecciones. Mientras quede Mayor, al menos habrá esperanza.

Aunque cada vez menos. La cobardía histórica que llevó a UCD a aceptar “pulpo como animal de compañía”, o sea, que hay una España histórica y otra que no lo es, sigue viva en una clase dirigente sin escrúpulos. La acreditada peletería de la carcundia centrista, con Rato de contable, pretende vender indefinidamente la piel del oso vivo cuando el cazador (llámese Pujol o Arzalluz) no puede con él. Lo malo es que el plantígrado no da más de sí. Si lo rematan, que es en lo que están, ya pueden cerrar la peletería. Que es en lo que están los otros, los que braman contra Jiménez de Parga. Incluido el segundo candidato de Convergencia i Unió, un tal Piqué.
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