Biden y el racismo vengativo de la izquierda blanca contra los negros

Federico Jiménez Losantos

Ese avatar alargado, encorbatado, entre el lenguado y la momia, que oficia como presidente de los Estados Unidos de América, ha anunciado que nominará a una mujer afroamericana, o sea, a una negra, para el puesto institucional más importante de la nación, que es el de juez del Tribunal Supremo, al retirarse por edad uno de sus miembros, que está, sin embargo, en mucha mejor condición que Biden. En un Estado de Derecho, donde la Ley debe estar por encima del Poder, los nueve jueces vitalicios del Supremo garantizan la continuidad del espíritu de los Padres Fundadores a través de las enmiendas o reformas que la Ley de Leyes ha ido adoptando.

Dos siglos y medio tiene la primera constitución política del mundo, nacida con la Independencia y bajo el principio del equilibrio de Poderes. La raíz popular que proclaman sus tres primeras palabras "We, the people" y la continuidad de sus legislaturas ha logrado el milagro, único en la Historia, de que una república federal pero presidencialista, envuelta en mil conflictos, civiles, nacionales, internacionales y con varios presidentes asesinados, no haya padecido nunca una dictadura ni un golpe de Estado.

La clave, dice el juez que se va, es que un país con 330 millones de habitantes y otras tantas opiniones comparta una: respetar la Constitución. Pero eso no es así y el anuncio de su sucesora lo demuestra: ya no se ve a los norteamericanos como seres "nacidos iguales" y su raza determina su posición social. El presidente de la República lo ha dicho con la misma desenvoltura que utiliza para meter la pata en todos los asuntos que trata. La juez del Supremo será mujer y negra. Aunque haya candidatos mejores.

Sólo el 8% de la población elegible

Los afroamericanos constituyen el 16% de la población de los USA. No es la minoría mayoritaria, porque los hispanos o latinos son el 18,7%, de ellos, el 42%, de origen mexicano, y siguen creciendo. Pero el carácter mestizo de la población de raíz española y religión católica, a diferencia de la de origen protestante, hace imposible diferenciar su raza: las tienen todas. El racismo político del blanco-anglosajón-protestante Biden no tiene asidero estadístico. Su ideología tropieza con el hecho multirracial hispano, en el que la procedencia nacional, política o religiosa, es más fuerte como elemento identificador que el color de la piel, variado casi hasta el infinito.

Pero los más castigados con este alarde racista y anticonstitucional de Joseph Biden, típico representante de la Izquierda blanca y protestante, no son los hispanos sino los propios negros. Siendo el 16% de la población, las mujeres constituyen el 8%, con lo que se priva al otro 8% del 92% de los candidatos posibles entre 330 millones de conciudadanos para velar por su seguridad jurídica. Y el 8% negro y femenino es también discriminado, porque si bien una de su raza se coloca por color y no por mérito, la mitad negra y masculina de todas las familias, el resto de las minorías raciales y la mayoría blanca se verán perjudicados al excluir por motivos racistas al 92%, es decir, la práctica totalidad de los candidatos posibles. Y si las mujeres negras no son las más numerosas en llegar al rango elegible, será todavía peor, porque el tanto por ciento del grupo elegible será tan pequeño que la elegida lo será entre un número irrisorio de los jueces posibles.

En resumen, que Biden, para lograr el voto de los negros, les priva de la inmensa mayoría de buenos jueces que podría elegir. Y los castiga con una justicia peor por ser negros, ya que el Supremo legisla para todos. Es como si el rico blanco izquierdista dijera: ¿os quejáis de discriminación racial negativa? Pues vais a tener discriminación positiva, que es peor. Por protestar.

Ni "We", ni "the people": el Mau-Mau de los progres

¿Cómo puede creerse que los ciudadanos van a ser iguales ante la ley si los jueces no lo son? ¿Cómo va a creerse que los negros van a tener un juicio justo si los jueces se eligen por su raza y ni por su capacidad de impartir justicia? ¿Cómo puede creerse que puede sobrevivir una nación de ciudadanos libres e iguales cuando los jueces encargados de que la igualdad ante la ley sea efectiva y real no son iguales ante el Tribunal Supremo?

Porque, y este es otro de los aspectos terribles del racismo vengativo de la izquierda blanca, ¿es que no tienen mérito por si mismo las negras para llegar a formar parte de ese tribunal? ¿Van a respetarse lo mismo sus sentencias que si el tribunal lo formaran jueces por su talento y no por su raza? ¿Qué fue del We the people, si ya no hay We, ni tampoco people? ¿Y qué clase de rebaño mediático y político se ha acostumbrado ya a esta discriminación, a esta forma de segregación, en la "tierra de los libres?

¿Libres, de qué? Del racismo, no; del sexismo, no; del sectarismo político e ideológico, no; del valor del esfuerzo, no. ¿Qué será de la tierra de las oportunidades, si la oportunidad la da la raza y no el talento? ¡Pobres Estados Unidos de América! ¡Tan lejos de la libertad y de la igualdad ante la Ley que fueron sus valores fundacionales! ¡Tan esclavos de esta versión izquierdista del Mau-Mau de Jomo Kennyata, aquel Ku Kux Klan negro!

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