Hoy, contra el Felón, referéndum en Colón

Federico Jiménez Losantos

El siniestro y criminoso Salvador Illa ha sido el embajador apropiado de la última fechoría del Felón Sánchez: un referéndum para la independencia de Cataluña que el vírico ministro anuncia "dentro del marco de convivencia". Convivencia no hay en Cataluña desde 1980, cuando el separatista Pujol llegó al Poder y empezó a robar y atropellar derechos civiles o viceversa. Marco no puede haber cuando se roba el cuadro, sólo maderitas huérfanas.

Y si se habla de legalidad, es decir, de los asuntos públicos en España que se desarrollan respetando la Ley, hace décadas que en Cataluña no la hay. ¿De qué "marco de convivencia" habla, pues, Sepulturero Illa? Del único que cabe en el cerebro que se esconde bajo ese flequillo teñido al carbón: la esclavitud de los catalanes españoles y castellanohablantes bajo sus amos separatistas, antiespañoles y catalanohablantes. Sin nación ni Constitución Española que los ampare, bajo un nuevo Estatuto que reescribirá lo que borró -14 artículos sobre la Justicia- en su día el Tribunal Constitucional.

El Felón ya anticipó el referéndum de autodeterminación

Una de las pocas ventajas del hato de descerebrados socialistas que tiene en sus manos el Gobierno y, si se les deja, el futuro de España, es que repiten como loritos los argumentos de partido por grotescos que sean. Illa ha repetido lo que hace tres años dijo el Felón en la Ser, copiado del artero separatismo vanguardesco: que Cataluña no ha votado el Estatuto que tiene.

El argumento es el del Juliana que redactó el editorial conjunto de los 11 periódicos apesebrados en la Generalidad "Por la dignidad de Cataluña". En él se proclamaba al Estatuto impulsado por ZP y redactado por los separatistas, un ente de rango superior a la Constitución Española, cuya observancia vigilaría el Tribunal Constitucional donde le dejen, pero no en Cataluña, cuya dignidad impone la interpretación de la Ley que le parezca adecuada al Tribunal del Pesebre de la Generalidad y al Condestable Godó. En su media lengua de ágrafo y álalo, el socialista Montilla lo tradujo así: "no se puede legislar sobre los sentimientos", atrocidad cuadrúpeda tras la que convocó a los bípedos autóctonos a manifestarse contra la sentencia del TC que se limitaba a anular la creación de una justicia independiente y sólo catalana, capaz de impedir el juicio a los robos de Pujol o al Golpe de 2017. Acabó huyendo de la manifestación, pero quedó clara la posición del PSC: la soberanía de hecho es la catalana, y ese hecho funda derecho en España.

Todos los estatutos de Autonomía, incluido el de Andalucía, que se hizo para disimular el catalán y por eso proclamó la nacionalidad andaluza, su memoria histórica -no sé si incluía la Bética o sólo Al Andalus- y otras atrocidades dictatoriales, arbitrarias e ilegítimas, que debieron ser ilegales, emanan de la legalidad española. Es decir, que están a la sombra de su Constitución y del Tribunal Constitucional, que vigila que los derechos cívicos que proclama no sean depreciados parcial o totalmente por una norma legal de rango inferior, que es la del Estatuto de Autonomía. Como los separatistas abiertos o embozados lo consideran Estatuto de Soberanía, no pueden admitir su subordinación a la soberanía de la nación española, "de la que emanan todos los poderes del Estado. Porque en Cataluña, desde Pujol, el Estado son ellos, la Nación es la suya y nadie puede discutírselo.

Al poco de llegar al Poder, el Felón ya soltó en la Ser el latiguillo separatista de que ese Estatuto "no había sido votado por los catalanes". O sea, que, si al parlamento catalán se le ocurre establecer la esclavitud, y lo votase la tribu regional, aunque vulnere la Constitución hay que aceptarlo. Si no, eres facha y centralista y lo que digas no vale absolutamente nada. Pero lo votó el 40%; el anterior Estatuto, el 60%; y la Constitución el 90%. El Estatuto actual no tiene más calidad legal ni cantidad de apoyo popular. Pero eso al Felón le daba y le da igual. De ahí pasó a la primera Mesa de negociación y al relator internacional, que provocó la respuesta en Colón y el frenazo a su plan, ahora retomado con la fuerza mular que le caracteriza.

Hacer de Colón el Maidán de España

Hasta ahora, lo único que ha frenado una canallada del Gran Felón ha sido aquella gigantesca concentración en Colón. Las adversas sentencias judiciales se las pasa por el forro de su tesis; las contradicciones consigo mismo le excitan; como buen psicópata, sólo empatiza con el éxito social de sus trampas a la Ley y al prójimo. Lo único que cabe en su asnal mollera es toparse con un muro, tropezar violentamente con una masa hostil. Y eso debe encontrar en esta gran cita nacional y constitucional: una obstinada, gigantesca multitud, dispuesta a hacer de Colón el Maidán de España. Las veces que haga falta y siempre en la misma plaza. ¿Le molesta la foto? Pues va a tener, ahora, un largometraje; luego, una serie; y, después, una telenovela mexicana, de las que sólo acaban por muerte del espectador.

Por supuesto, esto no podrán hacerlo nunca los partidos políticos, sujetos al interés del momento, a la coyuntura electoral, a la situación internacional o a una encuesta escalofriante, encargada o padecida. Como sucedió con el pacto de Zapatero y la ETA, sólo entidades procedentes de la sociedad civil, como la AVT de Alcaraz o ¡Basta ya!, pueden repetir las veces que haga falta, con más o menos gente, con mayor o menor acierto, esa llamada a lo que entonces se llamó la rebelión cívica, y hoy, nacional. Porque es la Nación lo que se trata de destruir y es la Nación la que debe rebelarse contra su destino en el matadero o desguace del Felón Sánchez.

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