Opinión

¿Hay que apoyar a Desatinos para fortalecer a Rajoy?

Federico Jiménez Losantos
Casi todo en las relaciones sociales de la especie humana está inventado. El refrán “más vale malo conocido que bueno por conocer” es elocuente al respecto. Pero sin duda el Caso Moratinos supone un hito en la reflexión sobre los límites devastadores de la acción política. Cosechar tantas humillaciones en la escena internacional no está al alcance de cualquiera. Recibir puntapié tras puntapié de la administración norteamericana precisa no sólo unos antecedentes acrisoladamente hostiles y convenientemente correspondidos sino también una incapacidad de relación humana  verdaderamente abisal. Moratinos la tiene. Él mismo provoca las expectativas de mejoría en las relaciones con los USA y él mismo debe, una y otra vez, dejarse a sí mismo en ridículo. El último soplamocos de Condoleezza Rice es más propio de un gabinete sadomasoquista que de la diplomacia convencional. Sólo le faltó hacerle arrodillarse y besarle la bota. Qué humillación. Si le va el cuero, Moratinos debe estar pasándolo bomba. Siempre que lo suyo sea la pasividad. De otro modo, la tortura no será teatral sino real. Y verdaderamente atroz.
 
Una vez comprobada la demoledora capacidad de Moratinos para hacer el mal, incluso a sí mismo, y para hacerlo mal absolutamente todo, el gran problema que se nos plantea a los liberales es si sostenerlo o criticarlo. Intelectualmente, es imposible cualquier apoyo racional. Fechorías como la imputación a Aznar de un golpe de Estado en Venezuela acreditan que su sitio está en la cola del INEM. Sin embargo, todas y cada una de sus actuaciones favorecen al PP, refuerzan la nostalgia de los tiempos de Aznar y refuerzan  la alternativa de Rajoy. ¿Conviene, pues, a la derecha y al futuro de España que este personaje siga en su puesto? ¿Justifica el fin tan grotescos medios? Difícil cuestión. Sin embargo, hay un precedente que conviene estudiar: el de Florentino Pérez cuando Joan Gaspart presidía el Barça. Cada vez que tenía problemas, Florentino lo atacaba, que es la forma infalible de defender a cualquier baranda barcelonista. Estaba convencido el presidente del Madrid que Gaspart era tan buena persona como incapaz gestor y que, mientras estuviera al frente del Barcelona, el eterno rival no levantaría cabeza. Así fue. La experiencia deportiva obliga a la reflexión política. ¿Deberíamos defender tibiamente a Moratinos para que dure en el cargo y prolongue el desgaste del PSOE? Probablemente, si. ¿Pero debemos hacerlo violentando la razón y nuestra conciencia? Seguramente, no es necesario. Como la izquierda es tan sectaria, todo ataque desde la derecha refuerza al atacado. Así que podemos seguir criticándolo confiando en que ZP lo mantenga. Pero, por si acaso, aprovechemos. Personajes así no los produce a menudo ni siquiera la carrera diplomática.
 
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