¿Hay motivo para cabrearse con el PP, o no?

Federico Jiménez Losantos
La cadena Localia, que, tras dos años de atropellar todas las leyes en materia de televisión privada, fue legalizada con premeditación, nocturnidad y alevosía mediante una ley de acompañamiento en el resopón presupuestario, será la única cadena comercial que emita el pluripanfleto de los titiriteros progres que después de montar la que montaron contra la guerra se negaron a identificarse con las víctimas de la ETA, porque en esto del terrorismo también hay clases. Parece ser que también CNN+ emitirá las cogitaciones de estos pájaros y pájaras devotos de todas las jaulas –desde la cubana a la palestina pasando por la bizcaitarra– y peritos en el disfrute del alpiste subvencionado.
 
“Hay motivo” proclaman estas docenas de talentos que se caracterizan por su odio a lo español y su desprecio por nuestra historia, pese a lo cual pretenden que todos los españoles les paguemos sus gracias, que maldita la gracia que tienen, para compensar la superioridad de las producciones de Hollywood, que es lo que critican pero a lo que aspiran. Y desde luego, motivo hay. Pero para cabrearse con el PP y su política de medios de comunicación, que le ha entregado a Polanko, el amigo de Arazallus, y a Cebrián, el amigo de Carod Rovira (iba a presentar su último libro pero a última hora canceló la gala) el monopolio de la televisión de pago y, con ello, del cine español. No es que hayan reducido la pluralidad en el mundo artístico, es que se la han cargado para dos generaciones. No es que hayan premiado el comportamiento liberticida y golpista de los que les injurian como políticos y afrentan a la base social que los sustenta, es que se han cargado cualquier posibilidad de que en el mundo del espectáculo alguien se atreva a salirse del guión estalinista impuesto por esta banda y por su padrino. Hay motivo para quejarse del PP, por supuesto. Pero no Polanko y su mariachi, sino nosotros.
 
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