Hacia el fin del pasteleo

Federico Jiménez Losantos
Está claro que el Gobierno, o por lo menos Rodrigo Rato, no cree que el Tribunal de la Competencia deba hacer honor a su nombre. No nos imaginamos a Solana González haciéndole la pascua a cualquiera de los amigos del Vicepresidente encaramados en tal o cual oligopolio. Es más, cabe la sospecha de que ese nombramiento se produce para todo lo contrario: para no sorprender ni molestar a nadie, empresario o ministro de lo que sea. En cambio, el nombramiento de Pilar Valiente y Juan Roldán para la Comisión Nacional del Mercado de Valores obedece a la lógica de un mercado que debe recuperarse del vergonzoso episodio Armesto-Villalonga y de un Gobierno que debe hacerse respetar tanto por la Oposición como por los poderes fácticos del felipismo, con Polanco a la cabeza.

Pilar Valiente salvó el menguado honor de la Agencia Tributaria cuando en la investigación del Caso Filesa tuvo que hacer frente a su inmediata superior, Magdalena Alvarez, que pretendía echar tierra sobre el asunto. También sobre "su" asunto, porque además de las responsabilidades del PSOE en el escándalo, habría que hablar de las que contrajeron los socialistas de carné acartonados en el Fisco para ocultar el amplísimo repertorio de delitos perpetrado por sus correligionarios. Tampoco hubiera sido malo para la Justicia que el papel de doña Magdalena en el caso de la corrupción de la Agencia Tributaria en Barcelona, el de los amigos de Borrell y no sólo de Borrell, cumpliera un trámite de instrucción en los juzgados, porque fue, como suele decirse, de juzgado de guardia. Pero la falta de celo del propio Rodrigo Rato durante la legislatura anterior hace que en ese caso las responsabilidades estén muy repartidas.

No pasarán muchas horas sin que el felipismo abra fuego graneado contra Pilar Valiente. Filesa y el célebre caso del perdón fiscal a los amigos del Gobierno -de Prisa, de Prisa- son episodios inolvidables para quienes creen que todavía tienen derecho de pernada sobre todas las instituciones nacionales. No parece, sin embargo, que Pilar Valiente, tras aguantar el diluvio de injurias de los peores tiempos vaya ahora a achicarse por el preceptivo chaparrón. Lo sustancial es que una persona con valor profesional, cívico y político, como PIlar Valiente, junto a otra persona de solidez y prestigio acreditados en el mundo de la Bolsa como Juan Roldán puedan poner en pie ese ámbito de confianza en la Ley que millones de accionistas españoles necesitan y que hasta ahora no han tenido. Entre otras cosas, porque los gobiernos no han querido. Si criticamos a éste por lo que hizo en el Tribunal de Defensa de la Competencia -y por las mismas razones- debemos felicitarle y felicitarnos por lo que supone poner en pie lo que debería ser y no sólo llamarse Comisión Nacional del Mercado de Valores.
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