Gulliver Bush en el mundo de Liliput

Federico Jiménez Losantos
La situación de los USA en el mundo se parece cada vez más a la imagen de Gulliver maniatado por sus minúsculos enemigos en el país de Liliput. En la ONU, en la OTAN, en las calles de Europa, en las plazas de Iberoamérica, en los suburbios de África, en los canales de Asia, en las islas de Oceanía diríase que una extraña epidemia se ha declarado en el planeta Tierra y que en los medios de comunicación, en las escuelas, en las universidades, en los sindicatos, en los partidos políticos de todas las tendencias y colores se ha extendido y ha calado una consigna: todos contra Gulliver. Y ahí está Gulliver Bush, inmovilizado a su pesar, sujeto al suelo por un hilito de Blix, una cuerdecita de Chirac, un lacito de Putin y una cadena de Pekín, más todos los hilos que la izquierda de todo el mundo ha ido tejiendo durante el último siglo para preparar la ruina del capitalismo y el advenimiento del socialismo. Como el socialismo ha fracasado, se trata ahora de impedir que un poder capitalista, liberal, democrático y occidental se convierta en la potencia decisiva y decisoria en las próximas décadas.

Todas las potencias mundiales han padecido de uno u otro modo la Leyenda Negra. Pocas lo sufrieron tanto como España en su gran siglo europeo y americano. Pero lo de Estados Unidos en este comienzo del siglo XXI es, probablemente, lo más injusto que en materia de conspiraciones recuerda la asendereada historia de los superpoderes internacionales. No sólo la leyenda negra de enemigos de la libertad contra el país que la ha salvado para sí mismo y para todo el mundo, sino también la leyenda roja de que el mundo podría ser de color de rosa sin ese gigante maligno al que llaman Tío Sam. Cualquier país que ataque a los USA recibe de inmediato el respaldo tácito o expreso de los liliputienses. El más repugnante tirano, si lo persiguen los USA, es protegido y mimado por el cónclave de Liliput. Desfilan por las calles los mismos que se oponían a los Pershing 2, los que se manifestaban contra Reagan y la OTAN, los que desfilaban en defensa de Milosevic, de Castro, de los sandinistas, de los talibanes y, ahora, de Sadam Husein. El mundo parece convertido en una inmensa representación teatral en la que todos representan un papel, el de la oposición a los USA, por lo de ayer, por lo de hoy y por lo de mañana, por lo que hace y por lo que no hace, pero sobre todo por lo que es y por lo que esta izquierda, esta Europa, esta basura envanecida, no ha llegado a ser. Gulliver parece inmovilizado en el suelo, los liliputienses cocorean satisfechos y, por desgracia, nadie se acuerda de Swift. Ni de Hitler. Ni de Stalin. Ni de nada. Pagaremos esta desmemoria estúpida. Y muy cara.

A continuación