Guerra Fría o Santa: guerra de propaganda

Federico Jiménez Losantos
Lo que está sucediendo en Irak no es una guerra de mentira, porque es de verdad, pero sí es de mentiras, ilusiones, fuegos propaganda y política, mucha política detrás de las líneas enemigas, que son las nuestras. En Vietnam, Estados Unidos no perdió la guerra. La ganaron los comunistas en Washington, y, antes, en la opinión pública y los medios de comunicación. Dos millones y medio de muertos en Vietnam, uno y medio en Laos, tres en Camboya fueron el resultado de la heroica campaña contra “la guerra” de la Izquierda norteamericana, que se puso en idiocia y cobardía a la cabeza del mundo. No la hacían contra la guerra de los comunistas en Asia sino contra la guerra de los USA para frenar la expansión del comunismo en Asia. Y consiguieron perder la guerra sin haber perdido una batalla. A los millones de muertos que se produjeron tras la retirada norteamericana no se les dedicó una sola marcha, ni una canción, apenas tres o cuatro películas. El comunismo tenía derecho a matar. La democracia no debía defenderse.
 
Lo mismo, exactamente lo mismo es lo que está pasando ahora con la guerra terrorista del fundamentalismo islámico contra las democracias occidentales. Ellos no pueden ganar una guerra de verdad, cara a cara, cuerpo a cuerpo. Sin embargo, cuentan con los enemigos de Occidente dentro de Occidente, con los izquierdistas de carril y con los derechistas aislacionistas, con los que culpan a las víctimas (o a los gobiernos democráticos de esas víctimas) de que las maten los asesinos y también con los que quieren lavarse las manos ante cualquier cruz. De poco ha servido el 11-S y de nada el 11-M. La guerra de propaganda contra los USA y sus aliados (España, antes de ZP) la está ganando el Islam antes de lo que podían soñar sus más enloquecidos seguidores.
 
Por supuesto, hay cosas que no se han hecho bien y podían haberse hecho mejor, en Irak y fuera de Irak, pero hay una cosa siempre peor: ponerse al lado de los criminales islámicos y contra los países occidentales que los combaten. Atacar a las democracias por la espalda como si eso no tuviera consecuencias en el frente. Nada ha cambiado de la Guerra Fría a la Guerra Santa: Occidente vuelve a perder la guerra de la propaganda, porque en los países donde manda la opinión pública, los medios de comunicación deciden, y los medios en occidente están hoy como cuando la guerra de Vietnam: dispuestos a ayudar a cualquier enemigo con tal de cargarse a un Gobierno de Derechas. Por supuesto, todos los gobiernos norteamericanos son en última instancia de derechas. Y todas las izquierdas son, en última instancia, antinorteamericanas. No son otra cosa.
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