Gimbernat, ministro de Justicia

Federico Jiménez Losantos
Que Trinidad Jiménez se atreva a dar lecciones de política y de jurisprudencia a propósito del indulto del juez que instruyó el Caso Lasa-Zabala, no sólo ilustra el dicho popular "hasta los gatos quieren zapatos" sino que prueba hasta qué punto la deserción ideológica e informativa del Gobierno en la ofensiva felipista contra el indulto permite que hablen en voz alta los que no tienen más que motivos para callarse. En el caso de Trinidad Jiménez, doble motivo: por ser hija de José Jiménez Villarejo, cofrade de los ancos y bacigalupos, y por haber sido durante años estrecha colaboradora de González en sus andanzas y negocios iberoamericanos, pese a lo cual su ilustre papá se atrevió a entrar en el posible juicio de Mister X en el Supremo, naturalmente para no juzgarlo. Pero aquí ya se ha olvidado todo el mundo de todo. El efecto opiáceo de la mayoría absoluta está obrando de manera devastadora en la capacidad comunicativa del Gobierno, que está como el novio de Shakira: tonto, ciego, sordo, mudo. Menos mal que nos queda Gimbernat.

Porque el papel de ministro de Justicia, rebatiendo todas las gansadas legales y las majaderías políticas que acumulan los zapaterillos felipistas, lo está desempeñando el catedrático de Derecho Penal y miembro destacado del consejo editorial de "El Mundo", que es quien mejor está haciendo lo que Acebes no hace, porque no sabe, porque no quiere o porque no se lo mandan. Gimbernat ha hecho un largo, impecable e implacable editorial desmontando las falacias que el polanquismo ha acumulado contra el indulto y contra Liaño. Y no dice gansada un felipista, aunque las diga en "El Mundo", sin que Gimbernat, con su estilo entre azañí y azoriniano, aclare la oscuridad selvática y desmonte la argumentación carnicera de los sicarios de PRISA. Así expía el pecado de haber apadrinado en tiempos al pérfido Bacigalupo.

Pero si bien lo propio de todo medio influyente es participar en los debates públicos de interés general, lo que está haciendo "El Mundo" no sólo es lo que le corresponde y le apetece, sino también lo que les correspondería hacer a otros: Acebes, sin ir más lejos. La refutación de las insidias polanquistas, que no sólo pretenden que la ley no les alcance cuando la vulneran, sino inventársela cuando les conviene, es un principio de higiene nacional, pero también una obligación del Gobierno del PP, que se ha acomodado a la tesis de que la mejor argumentación es la del BOE.

No es verdad. Lo que "El Mundo" está escribiendo debería también estar diciéndolo Acebes. Y si no es capaz de hacerlo, que le deje el cargo de ministro de Justicia a Gimbernat. Con el de Gracia, él ya tiene bastante.
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