Gallardón sigue en clave socialista

Federico Jiménez Losantos
La reacción del vicegallardón o vicealcalde de Madrid ante la enésima epopeya difamatoria de la “prensa de progreso”, achacándola a alguno de los rivales de Ruiz Gallardón para la sucesión de Aznar prueba que la dependencia cultural e ideológica acarrea fatalmente la dependencia política y que un político de la derecha como Cobo que viva pendiente de la SER, acaba por comportarse como un político del PSOE.

Uno de los elementos básicos que caracterizan al PSOE es que de todo lo malo que le pasa tiene la culpa el PP. Y eso mismo es lo que pretende ahora Gallardón. No se atreve a achacar al PSOE las distintas maniobras de intoxicación contra la derecha que viene protagonizando desde el estallido de la crisis de Madrid, pese a que sean los máximos dirigentes del partido de sus amores (el PSOE) los que lo ponen a caer de un burro, y al final ha acabado como si fuera un Simancas cualquiera: echándole la culpa a los líderes del PP de sus agobios, como si “Interviú” fuera una de las fuentes habituales de intoxicación de Rato, Rajoy o Jaime Mayor, sus más peligrosos rivales en la carrera sucesoria.

Cobo no habla igual ni dice lo mismo en la SER que en la COPE. Con Luis Herrero se queja de los injustos ataques contra su honradez, ante los que está indefenso, pero no le adjudica a la derecha sus problemas. En La Voz de Abdelkader, sí. Como se supone que los oyentes de la SER sólo aprecian lo que perjudica al PP, contra su propio partido carga el atribulado Cobo. ¿Con qué elementos de juicio? Con ninguno. Dice en la COPE que no tiene que explicar nada porque no hay nada en las insidias del semanario “zetáceo”. ¿Por qué entonces no dice eso mismo en la SER? Dice que no se aporta prueba alguna de su responsabilidad en delito alguno. ¿Y qué pruebas aporta él de que la responsabilidad de esas insidias sea de alguno de los protocandidatos del PP a la Moncloa? Ninguna. ¿A qué viene, pues, esta salida de pata de banco?

Pues a que es la pata única del banco de Gallardón. Del banquillo, diríamos, si de fútbol se tratase. Pero como no se trata de fútbol, aunque abunde el juego subterráneo, suspendamos aquí la metáfora.
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