Gallardón, por el camino de Verstrynge

Federico Jiménez Losantos
Al presidente de la Comunidad de Madrid, Alberto Ruiz Gallardón, le sienta decididamente mal la SER. Como todo niño de derechas acomplejado y contrito, nada está suficientemente a la izquierda como para no gustarle y nada hace la Derecha suficientemente bueno como para merecer su aprobación. Si no tuviera talento -aunque desaprovechado- estaríamos ante su segunda sucesión de Verstrynge. Ya ocupó su lugar en la Secretaría General de AP cuando Fraga tuvo que echar a su delfín por hacerse “progre” y, según su padrino y segundo padre Don Manuel, “traidor a todo y a todos”. Ahora parece dispuesto también a seguir su estela en la demagogia antisistema. Menos mal que, de momento, lo frenan un poco, sólo un poco, en su casa y en su equipo. Pero a este paso acabará refundando con su predecesor el FRAP en Caracas. O en Jockey.

Dice Gallardón que es demagógico y perverso asociar inmigración y delincuencia. Cuando el 90% de los detenidos por crímenes contra la propiedad y la vida son inmigrantes generalmente ilegales, lo demagógico, perverso y políticamente criminal es ocultarlo. Y hacerlo encima para parecerse al rival político. Y más perverso, demagógico y canallesco es amalgamar y confundir el hecho venturoso de que a Madrid la han construido los venidos de fuera... pero de toda España, durante siglos, con los inmigrantes extranjeros. Y también es perverso y demagógico confundir a los inmigrantes legales que realmente contribuyen a un Madrid más próspero y libre con los ilegales y delincuentes que vienen a a Madrid a robar y, si se tercia, a matar; porque políticos y jueces perversos y demagogos así lo han querido y siguen queriéndolo. Además de Le Pen, a Gallardón debería preocuparle en Francia Arlette Laguillier y la extrema izquierda antisistema, no menos poderosa y amenazante, pero como está en la SER, la palabrería debe ser diamantinamente progre aunque resulte transparentemente imbécil. El día menos pensado vemos en el equipo de Gallardón al mismísimo Verstrynge, por cierto, viejo admirador de Le Pen. ¿O ya no se acuerda Gallardón?
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