Gallardón o la unanimidad baratita

Federico Jiménez Losantos
Pocas veces le habrá salido tan barata la unanimidad a un líder de la derecha española como a Mariano Rajoy en el próximo congreso del PP. El único líder con ambición reconocida y con un perfil diferenciado del pontevedrés ni se presenta como candidato a la secretaría general del partido ni se atreve a quedarse en la reserva, por si falla el líder. Ni alternativa, ni sector crítico, ni siquiera sector. Gallardón es un partido de un solo militante, que es Gallardón. Y ese partido prefiere estar a la sombra del PP que buscar su camino a la intemperie; quizás porque es un partido señorito; quizás porque es un señorito de partido. Sea por lo que fuere, Gallardón no quiere pelea y ha vendido su primogenitura de segundón, de Caradura de Plata, por un plato de retórica. No está mal como medida de su ambición. Tampoco como medida de la buena salud del liderazgo rajoyesco, al lado del cual todas las ambiciones palidecen y las apuestas se desvanecen. Hay que ver lo que ha dado de sí perder unas elecciones: las europeas, claro.
 
Si no se hubiesen perdido las Generales, es muy posible que a estas horas se estuviera perfilando un liderazgo alternativo, con vitola prisaica, en el que Gallardón esperaría el fallo del contrario correligionario, sometido a un desgaste seguramente durísimo por parte del PSOE y por culpa del raquitismo del grupo parlamentario. Para mal de España pero probablemente para bien del PP, la derecha ha pasado a la oposición, pero tiene la lección muy aprendida de los trece años largos de felipismo y no parece que vaya a cometer el error de la división interna. Rajoy podría permitírsela, pero Gallardón no. Así que frente a la división creciente del PSOE y el PSC se levantará a la vuelta del verano el fortín aparentemente inexpugnable de la unidad y la coherencia del PP. Es, sin duda, un alarde de imagen. Es, además, una realidad de fondo que se trasladará sin duda a una opinión pública preocupada, si no espantada, ante la almoneda nacional del zapaterismo. ¡Quién se priva de ese placer y por este precio!
 
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