Gallardón al PSOE y cualquiera al PP

Federico Jiménez Losantos
La sucesión, que empezó siendo patrimonio exclusivo de Aznar, se ha convertido en una premisa sin la que cualquier política española parece ayuna de horizonte. El PSOE, que sólo tenía frente al PP la ventaja de un candidato fijo, ha decidido sumarse a la zozobra de la derecha con su propia zozobra o vicezozobra sucesoria. Con una desventaja añadida: en el PP se sabe que al sucesor lo nombrará Aznar en Septiembre mientras que en el PSOE no se sabe si lo jubilará PRISA ahora o dejará que lo jubile Bono en Marzo.

Pero es un lastimoso desperdicio o un derroche lamentable que la derecha tenga tantos candidatos con hechuras presidenciales para suceder a Aznar y que la izquierda ande tan escasa de segundogénitos, ya que primogénito no parece tener a nadie. En estos casos, el fútbol tiene creada la institución del cedido, que alivia la tensión en el banquillo pletórico y compensa el vacío del equipo lampante. ¿Por qué, en plena “beckhamanía”, no imitan nuestros partidos a nuestro primer club y practican tan estimulante ejercicio? Es tristísimo, por ejemplo, ver una ambición tan acerada y blindada como la de Ruiz Gallardón derramándose infructuosamente en empresas de traición a la Derecha, cuando podría cumplir ese papel mucho mejor y más noblemente desde la izquierda. En su día se especuló con la posibilidad de un canje: Francisco Vázquez al PP de Galicia para suceder a Fraga y Alberto Ruiz Gallardón al PRISOE para heredar a González. El deterioro de las expectativas de Zapatero hace, sin embargo, más dramática y urgente la provisión cautelar de la candidatura de la izquierda. Conviene hacerlo y, por el bien de España, hay que hacerlo ya. Gallardón al PSOE, porque no tiene a nadie, y cualquiera al PP, porque le sobran.

Precisamente el obstáculo más peliagudo con el que está tropezando Zapatero, amén de su propia fragilidad ideológica y su lamentable menesterosidad política, es el de la corrupción del socialismo madrileño.Y aunque la FSM trata de aventar estiércol en todas las direcciones a cuenta de Tamayo, sin perdonar la solapa de su amigo Gallardón, no parece aventurado suponer que el nieto de El Tebib-el-Arrumi se manejará mucho mejor que el desbaratado político leonés y su escudero gallego en esa colonia de escualos. La relación con Prisa no puede ser mejor y, por consiguiente, con Felipe González. O sea, que todas las premisas para un venturoso ejercicio del liderazgo izquierdoso se dan en el político conservador. ¿Para qué dilatar la ejecución del deshaucio? ¿Por qué prolongar la agonía de ambos sin que uno llegue a la Moncloa y otro, al menos, a aspirar a ella?

Se nos objetará que la conocida amistad de Gallardón con Bono, primer aspirante a la sucesión de Zapatero, convertiría esta fórmula en lo más parecido a una traición.

Precisamente.
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