Este es el "status": el "ante" y el "post"

Federico Jiménez Losantos
La acomplejada majadería que distingue a la política exterior española está mostrándose de nuevo en todo su esplendor. Aún no hemos recuperado Perejil y ya estamos queriéndonos marchar. ¡Cuánto miedo y qué poca vergüenza! Sucede, sin embargo, que los enemigos de España, que lo son sobre todo y en primer lugar de nuestras libertades, son tan malos y tan pertinaces que a veces nos obligan a cumplir con nuestras obligaciones materiales a despecho de nuestra falta de convicciones morales. La ETA en el Norte y Marruecos en el Sur han conseguido que la derecha española, o sea, Doña Complejos, se porte gallarda y virtuosamente ante la disyuntiva de rendirse o luchar. Pero diríase que sólo la maldad de los de enfrente sostiene la bondad de los de dentro. Y vamos a tener una nueva ocasión de comprobarlo tras las amenazas fundamentalistas marroquíes de una “marcha verde” sobre Ceuta y Melilla, elevadas públicamente a la consideración del sultancito.

La amenaza no reviste más peligro que el que tenía antes y seguirá teniendo después: un régimen musulmán corrompido hasta el tuétano que paga protección mafiosa a sus fundamentalistas. Ha sido el caso de Arabia Saudí con el terrorismo islámico, fue el caso de Argelia hasta terminar en la actual guerra civil y es el caso de Marruecos con el Partido de la Justicia y el Desarrollo, un grupúsculo de mezquita legalmente tolerado e instalado en el pseudoparlamento de Rabat. Pero la algarabía debería servir también para constatar la inanidad o la estupidez, del discurso del Gobierno español sobre una deseable vuelta con Marruecos a no se sabe qué “statu quo” o “statu quo ante”. Este es el auténtico y perdurable “status” interno de Marruecos; el “quo”, el “ante” y el “post”. Con la demagogia nacionalista y el fundamentalismo islámico tenemos que lidiar por muchos años. Y ante esas realidades crudas, feas y hostiles no caben escapismos ni actitudes espasmódicas. Sólo la firmeza y el miedo que infunda en nuestros vecinos tendrá éxito y asegurará la paz. Todo lo demás será perder la dignidad y el tiempo.
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