Opinión

España no puede contar con este PSOE

Federico Jiménez Losantos
El PSOE, que como la URSS empieza a merecer la definición de “cuatro siglas, cuatro mentiras”, se ha convertido en el primer agente electoral del PP. En Navarra, los últimos pactos socialistas con los nacionalistas vascos habrán convencido a quienes aún no lo estuvieran de que ni Navarra ni España pueden contar con este PSOE. Mientras en Madrid se escenifica la inacabable comedia de la corrupción partidista, en Navarra se representa la tragedia de la disgregación nacional. Y en realidad ambas son dos caras de la misma moneda: un partido nacional sin proyecto nacional está condenado a dejar de ser un partido. Y a destruirse desde arriba para reconstruirse desde abajo... o a desaparecer.

Cada paso adelante que da la voracidad de poder local es un paso atrás en el poder nacional. Cada pacto con los enemigos de España y de la democracia para arañar cargos y dinero público es un golpe al Pacto por las Libertades y contra el Terrorismo. En su preámbulo, ese pacto propuesto por el PSOE y firmado por el PP dice con toda claridad que ninguno de ellos pactará con el PNV mientras no abandone la complicidad con los terroristas y el proyecto separatista que con ellos comparte. Pues ahí está Navarra, para probarlo. Ahí está Patxi López, para confirmarlo. Ahí está Odón Elorza, para remacharlo. Y si el partido de Ibarreche y el partido de Madrazo son los socios políticos del PSOE, ¿alguien puede todavía dudar de que Zapatero ha renunciado a la Moncloa? ¿Alguien puede creer que este partido de oportunistas desorejados y sectarios irredentos, que no hacen ascos a los totalitarios comunistas o separatistas y que son capaces de cualquier cosa con tal de perjudicar al PP, puede conquistar el próximo mes de marzo la confianza de los ciudadanos para gobernar España?

En los meses que faltan, cada uno de los municipios donde se demuestra la poca fiabilidad del PSOE es un escaparate, una mesa petitoria, un anuncio convincente llamando a votar al PP, cualquiera que sea su candidato. Sólo un error grave de Aznar en la elección podría comprometer ese triunfo. Pero incluso si el candidato popular no es muy bueno, entre fiarse poco y no fiarse nada de un partido hay un trecho importante. El mismo, cada vez mayor, que separa a Aznar de Zapatero.

Por cierto, ¿dónde está Zapatero?
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