Elecciones catalanas

¿Es Maragall el mal menor?

Federico Jiménez Losantos
El peligro real para el PP de Cataluña en las próximas elecciones no está en las declaraciones de Mayor Oreja sobre la auténtica herencia del pujolismo, que evidentemente es el separatismo de Esquerra Republicana, sola o acompañada. Tampoco en la desaseada respuesta de Piqué y el anticipo de culpabilización al dirigente vasco de un posible mal resultado que, en todo caso, será responsabilidad del candidato catalán. Lo que realmente puede hacerle un daño irreparable en las urnas es que el trasvase de votos entre PSC y PP, que es mucho más fluido de lo que unos y otros quieren reconocer, desemboque en un apoyo significativo a Maragall como único modo de terminar con el pujolismo, aunque sea sin Pujol.
 
Al hablar con gente ilustrada y sensible de la Cataluña no nacionalista, esa que viene desatendiendo el PP desde que defenestró a Vidal-Quadras, llama la atención cómo ponen el acento en hacer la experiencia de la democracia, de la alternancia, que para ellos es simplemente el desalojo de Convergencia de los ámbitos de poder político, económico y administrativo que ha monopolizado desde hace casi un cuarto de siglo. En muchos aspectos recuerda la campaña del PP y el PSOE contra el PNV-EA que estuvo a punto de derrotarlos y que logró el mejor resultado de la historia para las fuerzas no nacionalistas. Tan buen resultado que Arzallus consiguió que entre González, Cebrián y Polanco convencieran a Zapatero de que debía cargase a Redondo Terreros. Si no, a la siguiente, no la hubiese contado. O eso temía entonces y no teme ahora.
 
En esas circunstancias, el votante no nacionalista, que en buena lógica debe votar PP, puede decidir que entre un voto acaso poco útil para formar un gobierno CiU-PP y un voto para la alternancia que supusiera definitivamente la jubilación política de Pujol el mal menor puede llamarse Maragall. Porque, desde el punto de vista no nacionalista, ¿qué produce más pánico? ¿Un gobierno PSC-IU-ERC o un gobierno CiU-Esquerra? ¿Sería menos radical, es decir, menos parecido a Ibarreche, Mas que Maragall? Al menos, cabe la pregunta. De cómo la plantee y ayude a contestarla Piqué ante su electorado en esta última semana dependerá probablemente el resultado del domingo. Y muchas más cosas importantes. Para Cataluña y para España.
 
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