Entre bajarse al moro y subirse a la parra

Federico Jiménez Losantos
En vísperas del Debate sobre el Estado de la Nación, todo era radicalmente distinto del año pasado en las relaciones de Gobierno y el PSOE. De Cánovas y Sagasta, se ha pasado al modelo Maura-Pablo Iglesias, con la única salvedad del recurso al terrorismo, que Zapatero no ha esgrimido contra el Jefe del Gobierno como hiciera el fundador del PSOE. Ni siquiera ha llevado hasta el final el recurso al PNV y ETA para desgastar al Gobierno, como preconizaron González y Cebrián, aunque Redondo Terreros fuera ignominiosamente sacrificado a la sectaria voracidad de PRISA. La magnitud del reciente desafío institucional del PNV, presentado hace apenas unos meses por el felipismo-polanquismo como aliado estratégico en el País Vasco a costa del PP, aconsejan a ambos discreción y mucho “sentido del Estado”. Siquiera para compensar.

Porque tanto la Huelga General como la crisis marroquí ofrecen dos escenarios dialécticos perfectos para que el Debate acabe como el Rosario de la Aurora. Zapatero resistirá difícilmente la tentación de “bajarse al moro”, tanto en lo diplomático como en la deriva tercermundista, esto es, sindicalista, de su política económica. Probablemente no habrá rincón de la demagogia que quede a salvo de la impostada ferocidad del líder del PSOE. Y ahí le espera Aznar, que sin duda desea pasarle la factura por la Huelga General, un fracaso objetivo que el felipismo se empeña en convertir en triunfo a golpe de consigna. El cese de Cabanillas ofrecerá al PSOE una supuesta prueba suplementaria de las “mentiras” gubernamentales sobre la Huelga General. Pero Aznar resistió ese envite y es natural que pretenda recordar su éxito frente al “golpe bajo” del 20-J, así como poner de manifiesto que su política económica sigue siendo infinitamente más sólida que la alternativa socialista, inexistente si va de la mano de Méndez y Fidalgo. Ahí es muy de temer que el Presidente se suba a la parra. Lo hace casi siempre.

Sería sorprendente, aunque deseable, que Zapatero renunciase a presentar la crisis del Estrecho como responsabilidad de Aznar. Pero así lo ha marcado “El país” en su demagógico y desvergonzado editorial del sábado y, por otra parte, es raro que un político español reconozca que en el Extranjero ha hecho el ridículo. No otra cosa ha cosechado Zapatero en sus vagabundeos diplomáticos por Marruecos y por ello también resultará casi imposible -y más difícil reprochárselo- que Aznar haga el recuento de deslealtades y estupideces cometidas por Zapatero y González a mayor gloria del tirano alauita. Es previsible que a costa del moro, como es tradición española, se produzcan los momentos más tirantes del Debate, para regocijo del reyezuelo magrebí y de las cabilas de Arzallus, que aspiran a convertir Pancorbo en una estribación del Rif. Los dos enemigos estratégicos de España, los del Norte y los del Sur, los de dentro y de fuera se alimentan mutuamente. Es de temer que ni Gobierno ni Oposición, después de tirarse los trastos a la cabeza, recuerden tan evidente obviedad, la indudable gravedad de esa doble amenaza que se cierne sobre la nación española.
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