El Nefelibata

Federico Jiménez Losantos
Hace ya una década, cuando Alfonso Guerra presumía de culto (único lector conocido de las Obras Completas de Lope de Vega) y se permitía dar lecciones de erudición machadiana en público a Oreste Macrí, un lector de “El País” le recordó en una carta sobre un error en una cita literaria aquella copla de Don Antonio: “Sube y sube, pero ten / cuidado, Nefelibata; / que entre las nubes también / se puede meter la pata”. Naturalmente, Guerra no bajó de las nubes por propia voluntad. Lo bajaron González y Polanco a golpe de motorola, aprovechando el escándalo de “Mienmano” y sus cafetitos de influencias.

Pues bien, Zapatero parece dispuesto a convertirse en el nuevo Nefelibata del PSOE y tendrá que bajarlo el electorado a escobazos para que lo remate el mismo que a Guerra. Ya no parece posible recuperarlo para el sentido común. Ya es como un muñegote de “Canal Plus” y no precisamente porque lo satiricen como cuando pensaba por su cuenta y trataba de heredar a Aznar en vez de derribarlo, sino porque “La Secta+” lo manipula como a una criatura caricaturesca, destinada más pronto que tarde al baúl de los juguetes rotos.

Desde que, tras rendirse a Cebrián y González, se echó al monte contra Aznar, Zapatero ha ido radicalizando su posición hasta tal punto que en la mayoría de los asuntos el PSOE ya se identifica con Izquierda Unida, un partido antisistema cuyo comisario-jefe presume de piquetero de madrugada en Sevilla, es decir, de atropellar la libertad de los ciudadanos en la huelga general. Y pese al fracaso del órdago del 20-J, Zapatero sigue insistiendo en la línea de confrontación directa con el Gobierno, sin la menor tentación de modificar un discurso carente de realismo, de sentido común y de respeto a las instituciones. Aznar ha cumplido en Sevilla un semestre de presidencia europea en la que ha hecho lo que ha podido, no mucho quizás, pero en la buena dirección y dentro del margen real que los Quince permiten a la presidencia rotatoria. En algunos asuntos como el del terrorismo se ha avanzado mucho y en otros menos de lo necesario, pero no por culpa de Aznar. Sólo en la política siniestramente pro-Arafat de la UE cabría criticarlo en serio, pero es justamente donde Zapatero le pide que yerre más a fondo.

En un discurso plúmbeo, Aznar ha presumido de sus logros con algún exceso, pero dentro de lo normal. Zapatero le ha negado el pan y la sal y el resultado es que su enmienda a la totalidad refuerza la totalidad, el conjunto del balance aznarista. ¿Podría haber sido mejor? Sin duda. ¿Peor? Desde luego. Pero lo más feo del semestre español al frente de la UE ha sido esta fallida huelga general con que la oposición ha querido deteriorar internacionalmente al Gobierno, aunque perjudicase a España. La eficacia del Nefelibata ha sido comparable a su patriotismo. Pero ambos resultan todavía muy superiores a su inteligencia política, harto menor que la de Guerra.
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