El Guadalquivir contra el Nervión

Federico Jiménez Losantos
El famoso "Pacto del Betis" que llevó a Felipe González a la Secretaría General del PSOE en el famoso congreso de Suresnes se basó en el acuerdo de vascos y andaluces, con Nicolás Redondo (padre) y Alfonso Guerra a la cabeza, frente a los madrileños de Pablo Castellano y compañía. Las provincias le dieron jaque mate a la capital y ahí nació una hegemonía del Sur que dura ya más de un cuarto de siglo. Por esas paradojas del destino, será Nicolás Redondo (hijo) el que hoy deba certificar el fin de aquel acuerdo, de mucho más calado de lo que podría parecer. En rigor, hoy decide el PSOE su futuro como partido nacional español y no es casualidad que sean precisamente los socialistas vascos los que se enfrenten a la burocracia del sur, con Guerra y Rodríguez Ibarra a la cabeza y González, cómo no, detrás, moviendo los hilos y manejando las marionetas.

Detrás de los personalismos, incluso de las cuestiones de fondo, hay dos modelos de PSOE que se enfrentan: el de unos políticos profesionales afincados en la taifa autonómica, sin perspectivas de llegar al poder central y el de un partido español que aspira, en primer lugar, al poder central y, sólo después, a los poderes regionales y municipales. No está sólamente en cuestión la ética, aunque lo esté sobre todas las cosas. También están la estrategia y la política.

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