El Faraón no está para pirámides

Federico Jiménez Losantos
Nada podía gustarle menos al Presidente del Gobierno que tener que apoyar públicamente a Rodrigo Rato sin saber lo que va a decir Enrique Giménez-Reyna en el Parlamento dentro de pocas horas. Nada puede fastidiarle más que tener que asumir responsabilidad y protagonismo en el primer gran caso de corrupción que afecta a su Gobierno. Nada, en fin, molesta más a un hombre público que quiere entrar en la Historia sin dejar la Política que jugar a ciegas y apostar sin intuir siquiera las cartas del adversario. Sin embargo, como ya adelantamos en nuestra serie de comentarios sobre Gescartera del mes de agosto, es inevitable que Aznar tase a Rato en función de los desperfectos que este escándalo les cause a los dos. Porque los dos se van a ver afectados por las consecuencias. Sucede que, en la misma medida en que el deterioro político se acerque a la Presidencia del Gobierno, más se alejará el vicepresidente económico de las previsiones sucesorias, si es que Aznar tuviera eso previsto, que lo dudo. En todo caso, el apoyo de Aznar, como sabe Rato mejor que nadie, es algo que hubiera preferido ahorrarse el apoyado. No está la Magdalena para tafetanes; ni el Faraón para pirámides.

Dice Aznar que “está muy tranquilo” cuando nadie le había preguntado por su tranquilidad. Añade que “ve bien” a Rato, “incluso muy bien”. Rato, pues, tiene que sentirse mal, incluso muy mal. Al Faraón no le gusta pagar más pirámide que la suya.

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