El eterno retorno de Filesa

Federico Jiménez Losantos
La destemplada, estrepitosa y políticamente absurda reacción del PSOE contra el nombramiento de Pilar Valiente al frente de la CNMV muestra la profunda debilidad de Zapatero y el nuevo grupo dirigente del socialismo español, incapaz de denunciar y de renunciar al menos a la herencia de Filesa, símbolo máximo de la corrupción del partido en la época felipista. Que el PSOE zapaterista siga haciendo de defensa escoba de los intereses de Polanco, uno de los grandes beneficiados con el "regalo" de los 200.000 millones de Hacienda, puede explicarse por necesidades publicitarias aunque moralmente sea injustificable. Pero precisamente por haber sido Pilar Valiente una de las responsables del descubrimiento de Filesa, lo inteligente aunque hipócrita en una dirección del PSOE que teóricamente ha roto con la corrupción del pasado era ofrecerse para colaborar con la nueva presidenta de la CNMV. Todo menos seguir asumiendo como una afrenta lo que debería ser considerado como un error grave pero correspondiente al pasado, no al presente.


Zapatero podría incluso haber hecho un alarde teatral y haber sorprendido agradablemente a la opinión pública agradeciendo a Pilar Valiente que, con la intención que fuera, incluso malévola, hubiera ayudado objetivamente a descubrir la parte corrompida del PSOE y a extirparla, salvando así del fango a esa inmensa mayoría de socialistas honrados, intachables, que ahora están otra vez con cara de domingo y con el partido recién salido del tinte, moralmente como nuevo, gracias al zapaterismo redentor. ¿Hipocresía? Por supuesto. ya sabemos que Zapatero estaba en el partido y en el Congreso de los Diputados cuando Filesa, cuando el GAL y cuando todo lo demás. Pero dábamos por descontado que esa etapa había quedado cancelada. Creíamos que se trataba de hacer borrón y cuenta nueva de una época, algo que nos conviene a todos pero especialmente a él; no podíamos imaginar que a estas alturas los socialistas, empezando por el propio Zapatero, volvieran a dar vueltas a la noria de la conspiración universal contra el felipismo angelical. Esa guerra ya la perdieron definitivamente en las elecciones pasadas. Por eso está Zapatero donde está y González donde no está. Lo malo es que ni el uno ni el otro acaban de creérselo


Los socialistas de Zapatero tienen que empezar de nuevo aunque, evidentemente y para su desgracia, no puedan empezar de cero. Pero tampoco Aznar era ajeno a Fraga cuando estalló el escándalo Naseiro y supo distanciarse, al menos ante la opinión, de lo que políticamente le ataba al pasado y moralmente le desautorizaba. La diferencia del PP y del PSOE ante la corrupción ha sido de cantidad y calidad pero sobre todo -y eso es lo que políticamente cuenta- de actitud. Aznar supo condenarla, al menos de puertas para afuera, mientras que el PSOE se empeñó primero en negarla, luego en defenderla y finalmente en reivindicarla, en hacérsela tragar a todo el mundo con la complicidad de unos jueces sin escrúpulos. Lo estúpido es que el PSOE hacía todo eso precisamente de puertas para afuera, mientras de puertas hacia dentro y al margen de la soberbia paranoica del inquilino monclovita, el discurso era totalmente distinto, mucho más autocrítico y más cerca del sentido común, que es por donde suele andar la opinión pública. Parecía que Zapatero tenía eso muy claro, pero por lo que estamos viendo últimamente o se le ha enturbiado o le están enturbiando el juicio. Debería entender que el eterno retorno de Filesa es el eterno retorno de González. Y que mientras ese pasado pesadísimo no desaparezca del horizonte, el PSOE no retornará a la Moncloa, salvo de visita. Pero eso sí, en las fotos seguirá quedando muy bien. Flaco consuelo.
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