El “delirium tremens” del felipismo agónico

Federico Jiménez Losantos
No se sabe qué produce mayor estupor y genera más aversión: si ver a González u oir a Zapatero. El discurso del ex-presidente es el de un odiador profesional totalmente caribeñizado, incapaz de respetar a su país, a su Gobierno y hasta a su propia historia. El de su continuador en el PSOE, un patético remedo de la verborrea cainita de González. No hay mentira, embuste, tergiversación o fechoría que se le resista a Mister X. No hay disparate demagógico al que se resista Zapatero. El rictus facial del uno corresponde al discurso delirante del otro. Sólo faltaba el desprecio del modelo por la copia, y tampoco se lo ahorró ayer el gachupín sevillano, porque gachupín es como llaman a los españoles en México y no otra cosa es González. Cuando dijo que no se quedaría de diputado para limitarse a apretar un botón mostró todo su desprecio por los diputados de su partido y en especial por Zapatero, que no ha hecho otra cosa en su vida política. González, ni eso. Ha cobrado sin trabajar y mientras trabajaba en otros países. Un patriota.

Para completar el panorama, Chaves dice que a lo mejor sí entra en las listas Felipe y no Guerra, así que ya están todos contra todos y todos contra el PP. Se entiende perfectamente que se echaran a la calle en plan golpista durante la guerra de Irak: salvo el odio al PP y el rencor por no acceder al Poder, nada une al partido socialista. Es lamentable que las buenas gentes, que sin duda las hay en el PSOE, sean sólo comparsas, bultos de fondo en este bululú agónico de la izquierda española enriquecida en lo material, paupérrima en lo ideológico y arruinada en lo moral. El felipismo se ha instalado en el “delirium tremens”, lo cual es bueno para el PP pero malo para España. Los títeres de cachiporra dan risa hasta que empiezan a dar pena. Estos, además, dan miedo, si no fuera porque este continuo y deprimente espectáculo los aleja cada vez más del poder. Un consuelo relativo.
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