Crónicas americanas

El colmo: vuelven los sandinistas

Federico Jiménez Losantos
No era suficiente la sequía en Centroamérica, con su cortejo de hambruna; no bastaba la crisis argentina; no sobraba violencia con Fidel Castro; no se había desbordado el disparate con Chávez; no se había alcanzado el paroxismo de la criminalidad en Colombia; no, todavía los terremotos, inundaciones y erupciones volcánicas, volcadas sobre unos países cuyas clases dirigentes bien merecen la definición de Thompson sobre los visigodos: una mezcla insuperable de violencia, incompetencia y corrupción. No, todavía no era bastante. Aún admitía alguna gota más el amargo cáliz iberoamericano y ahí está: vuelven los sandinistas. Como un fantasma del pasado o como esos esqueletos que siguen apareciendo en las cárceles de Nicaragua, vuelven los sandinistas. En pocas semanas, si entre Obando y el Altísimo no lo remedian, Daniel Ortega y su envejecido mariachi rojinegro pueden volver al poder a través de las urnas. No cabe prueba de la desgracia de un continente. Pero, evidentemente, para que sea posible la resurrección del espectro, algo habrán hecho en Nicaragua.

Básicamente, lo que han hecho los actuales gobernantes del PLC bajo la presidencia del esférico Arnoldo Alemán es robar. También robaron a mano y a máquina los sandinistas, que al perder las elecciones se llevaron a casa la famosa “piñata”, agenciándose definitivamente, con la complicidad legal y política de Mamá Violeta Chamorro, de las mansiones, coches, dólares y prebendas que disfrutaban desde su llegada al poder. Pero ha pasado una década y la corrupción vieja se olvida, mientras que la reciente, duele. De ahí que el sórdido Daniel Ortega pueda ser de nuevo presidente, esta vez no ilegítimo, de Nicaragua. No es que en las encuestas arrase: los liberales y conservadores juntos obtendrían la mayoría absoluta. Pero, ay, se presentan separados. Y aunque en una segunda vuelta se unirían contra Ortega, podría darse la victoria en la primera vuelta y sanseacabó.

El candidato del Partido Liberal Constitucionalista, Enrique Bolaños, es inteligente y hasta honrado, pero como vicepresidente de Alemán es vicerresponsable de la corrupción, lo que lastra gravemente sus posibilidades de ganar. Anda por el 30% de intención de voto, algo menos que Ortega, que tendría algo más del 35%. Ninguna posibilidad tiene el candidato conservador, llamado Saborío (menos mal que las elecciones no son en Andalucía) y que hace honor a su apellido: apenas el 10% en intención de voto. Pero con los partidos del centro-derecha divididos y dadas las ganas generalizadas de castigar a Alemán, entre la división y la abstención de la derecha mayoritaria, podría ganar la izquierda. ¡Y qué izquierda!. Toda la muerte y la miseria de Nicaragua, salvo la miseria moral, que está muy repartida, de ellos viene.

Ortega, que ventea el triunfo, acaba de llegar a un acuerdo con sus propios disidentes: el Movimiento de Reconstrucción Sandinista, dirigido por la exguerrillera y exdiputada Dora María Téllez, olvidaría sus reticencias morales y se uniría a su antiguo jefe. También una serie de partiditos como la Unión Social Cristiana, reliquias de aquella Teología de la Liberación que constituyó uno de los rasgos más execrables de la dictadura comunista del FSLN. Total: la izquierda se une, mientras la derecha es incapaz de juntarse. Salvo milagro, como el de la derrota electoral sandinista, la catástrofe está servida. Lo que le faltaba a Iberoamérica: Castro no se muere, vino Chávez, sigue Tirofijo y vuelven los sandinistas. ¡Qué panorama!

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