Irak

Del suicida Kelly a los cachorros de Sadam

Federico Jiménez Losantos
La guerra de Irak no será la de Vietnam, pero los medios de comunicación y la izquierda política que desde la caída de Saigón no han podido disfrutar de una derrota de las democracias occidentales lo seguirán intentando. Asistíamos conteniendo la náusea a la apoteosis de la mentira y la manipulación a cargo de la BBC en el Caso Kelly (un suicidio convertido casi en crimen de Estado por los medios españoles) cuando de pronto se ha producido un episodio mucho más relevante y que demuestra que la guerra en Irak no ha terminado: la muerte de los cachorros de Sadam Husein. Desgraciadamente para los que intentan que el genocida iraquí gane en los medios de comunicación occidentales la guerra que fue incapaz de librar en los campos de batalla iraquíes, también en este episodio han ganado los buenos. Tampoco se parece a Vietnam.

Lo que sí se parece mucho a lo de entonces, e incluso resulta mucho peor, es la hipocresía de mucho periodismo y de mucho periodista cuyas escasas ideas y escuálidos principios se reducen a esa forma de senilidad intelectual que consiste en atacar a la civilización occidental según los cánones de 1968. Y como entonces, no hay mentira que no se justifique ni verdad que no se camufle ni manipulación que abochorne a los manipuladores. Contra Washington, igual que entonces, vale todo. Y contra sus aliados, todo y más. La campaña contra Blair y contra Bush con la excusa de las armas de destrucción masiva sólo busca una cosa: venganza por el fracaso de los periodistas occidentales enemigos de Occidente y hacerles pagar a Londres y Washington su determinación política y su desprecio mediático a los agoreros de la Prensa Progre.

Está claro que la BBC manipuló vilmente las declaraciones de Kelly para erosionar al Gobierno Blair, como estuvo clara durante la guerra la toma de partido a favor de la dictadura iraquí de la mayoría de los medios de comunicación americanos y europeos. Y como es evidente que la guerra de Irak no ha terminado, porque la progresía no se resigna a haberla perdido, convendría que no la dieran por terminada los gobiernos americano, británico o español que, desde la foto de las Azores, fueron capaces de mantener su voluntad de lucha frente a las presiones mediáticas de los nostálgicos del Vietcong. Bush hijo debería haber aprendido de Bush padre que las guerras no terminan cuando uno quiere sino cuando el enemigo se ha rendido o ha sido destruido. En el caso de los medios progres, no ha sucedido ni una cosa ni la otra. Y es mucho más peligrosa la guerrilla audiovisual en Londres que la guerrilla baasista en Bagdad.
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