Del Herriko Kongreso al recambio de ministro del Golpe Catalán

Federico Jiménez Losantos

El partido del genocida Maduro, o sea, Podemos y el de las FARC, antes PCE, han pedido a la presidenta del Parlamento que expulse a Vox, tercera fuerza política, de la sede de la soberanía nacional. La razón es que alguien, no sabemos quién, pero del que los de Vox se sienten orgullosos, coló los himnos de la Policía Nacional y la Guardia Civil por un altavoz de la sala en la que se atacaba la acción de los cuerpos de seguridad, brazo armado de los jueces del ilegítimo Estado Español, contra los terroristas, pistoleros o callejeros, del partido o entorno etarra y del golpismo catalán.

La presidenta del Congreso, Meritxell Batet, es una nacionalista a la que el partido ha multado tres veces por romper la disciplina de voto en apoyo de los golpistas, con cuyo fin, que es la destrucción de España, comulga ardorosamente, aunque haga algún mohín ante algún medio. Ya le gustaría a esa pubilla dels Països Catalans poder castigar a los más fieros defensores de la unidad nacional. Pero la condición de herriko taberna ya no hay quien se la quite al Congreso tras el acto de repudio al orden público y al régimen constitucional en la mismísima sede de la soberanía nacional.

La táctica idéntica de comunistas y separatistas

El acto de humor le ha quitado, sin querer, toda la gravedad que tiene el alarde antisistema de unos representantes del sistema que no reconocen, pero del que viven. Son como esos judíos ultraortodoxos que no reconocen al Estado de Israel ni van a filas, pero viven gracias a sus soldados y cobran por cada criatura acrisoladamente judía, aunque vestida de polaca del siglo XIX, que echan a este mundo de pecado e impostura. La suya, sobre todo. La del abogado y representante de las FARC, el siniestro Enrique Santiago, que sustituye a Pablo Iglesias en el papel de matasiete rojo, es la clásica del comunismo: aprovechar las contradicciones de la democracia burguesa y parasitarla, siempre en nombre de los derechos humanos, hasta destruirla.

Es la misma táctica de los separatistas en las instituciones españolas. De ahí la solidez de una alianza que nace el día en que Pablo Iglesias, tras su primer mitin en Barcelona, donde pide que todos los niños de Cataluña puedan estudiar en la lengua que elijan, ha renunciado a llegar al Poder con un proyecto español y pacta en Can Roures un tripartito social-comunista-separatista para Madrid, Barcelona y Vitoria. Les falta Vitoria. Y según las encuestas, el pacto PSOE-ETA-Podemos ya puede mandar al paro al PNV.

El punto débil de Sánchez es, paradójicamente, la fortaleza de sus aliados. Esa gavilla de soviets comunistas y separatistas, unidos por el odio a España y al idioma español, que es la gran argamasa del edificio nacional, actúan siempre contra lo que se supone que debe defender el Gobierno, que son los intereses del conjunto de los españoles. De hecho, es lo único que legitima la existencia del PSOE: su condición de posible freno al proceso desconstituyente, que el novio de Meritxell, Juan Carlos Campo, siendo ministro de Justicia, declaró "constituyente, de hecho", para sorpresa de los ciudadanos, a los que nadie nos ha comunicado esa cualidad de las Cortes.

El golpe de 2017, actualizado

Y, sin embargo, en la práctica, es verdad. Entre los proyectos ilegales que alumbra y la legalidad que se niega a cumplir, Sánchez está llevando a cabo una liquidación a plazos del régimen constitucional. El caso más claro es el de la nueva insurrección golpista de la Generalidad de Cataluña contra la legalidad del Estado que representa institucionalmente en su territorio. El procés, derrotado policialmente en 2017 e indultado por Sánchez en 2021, ha salido de nuevo a la calle en un alarde de rechazo al Tribunal Supremo, semejante al que contra el Tribunal Constitucional encabezó la Generalidad de Montilla tras la sentencia que anulaba 14 artículos del nuevo Estatuto, justo los que anulaban la existencia de una justicia catalana y nacionalista.

Entonces, el paleto de Iznájar, que lleva a sus hijas a un colegio privado que sí enseña en español, dijo que no se podía legislar "contra sentimientos". Ahora, el Ku Kux Klan Katalá, con el consejero de Educación al frente, que también lleva a su hija a un colegio donde se enseña en español, se niega públicamente a cumplir la sentencia que limita la discriminación de los niños castellanohablantes, más de la mitad de la población escolar. Ayer se echaron a la calle todos los golpistas que cobran de lo que roban a los españoles, los sindicatos vendidos al separatismo y el clero que preside el renegado turolense Omella, pastor de una tribu capaz de combinar el descarado odio xenófobo, la protección de la pedofilia en Montserrat, la pornografía satánica en Solsona y, además, reunirse con los representantes de Vox. Una velita a Dios y mil cirios al diablo. Mientras, el PSC de Illa finge abstenerse, cuando, en realidad, patrocina en la sombra esa nueva rebelión, con los protagonistas y las hechuras del Golpe de 2017.

El incomprensible "coño" de Casado

Y ante ese panorama que ya es con el que amenazaba a Vox Yolanda Díaz, la Oposición aparece desunida y desvaída, entre el tremendismo (tras las "chorradas" y "coño" de Casado, sólo le faltó santiguarse) y la falta de convicción del equipo que ataca en la prórroga con dos goles de desventaja. Fatalmente hay que volver la vista a la deriva suicida del PP y de Casado, que no deberían ser la misma cosa. Fue de vergüenza ajena el aullido de Teodoro y la ovación de su banda tras el "coño" del jefe, señal inequívoca de que estaba preparado una zafiedad impropia de quien ha demostrado que puede ser un buen orador. Siempre que tenga algo que decir, claro, y ahora no lo tiene. Si dices en Buenos Aires que para llegar al Gobierno puedes pactar con el PSOE o aceptar que Vox te apoye a cambio de nada, y tras cruzar el río, dices en Montevideo que no se puede pactar con un PSOE unido a la ETA y al separatismo, que es el que hay y con el que acabas de decir que pactarías, es que has perdido el discurso político propio de una alternativa de Gobierno. Y cuando, al volver a España, tu gran iniciativa es prohibir las cenas navideñas del PP de Madrid para que no se conviertan en actos de apoyo espontáneos a Ayuso, es que has perdido del todo la cabeza.

Con la deriva suicida de Sepukku Casado, el folklorismo brasileiro de Abascal y la mala imagen de Ciudadanos tras las primarias andaluzas, con Arrimadas bajo la maldición de que habla en el Congreso y ya nadie la oye, el panorama en la oposición a Sánchez es de luto. Cada cosa suelta no tendría mayor problema. Salvo lo de Sepukku, que es de difícil arreglo, lo demás se puede rectificar o, por lo menos, limitar algo su estrago. Lo que no tiene remedio es que Sánchez cambie al ministro de cuota del golpismo rojo catalán, al siniestro Castells por el sórdido Subirats y le salga gratis. Es como cuando Franco cambiaba al ministro de cuota catalán: "Gual Villalbí o Villalbí Gual, da igual", se decía entonces, y era verdad. Pero el Gual de turno venía de Barcelona a Madrid a aprovechar las ventajas del régimen, no a jurar el cargo de Golpista de Estado ante el Notario Mayor del Reino.

Y por desgracia, en el Herriko Kongreso y en las televisiones, copias de la golpista TV3, a Sánchez le sale todo gratis. Hasta la ruina económica que nos van a dejar los Reyes Magos este año. Con la luz por las nubes, y ni carbón.

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