Definitivo: Franco creó Filesa

Federico Jiménez Losantos
Cuanto más se sabe de las cuentas secretas del Vizcaya, más se averigua de las no menos secretas cuentas del Bilbao. Cuanto más se sabe de los chanchullos de Asiaín, más se corroboran las fechorías financieras de Pedro de Toledo. Eso sí: en ambos casos, contando siempre con el aval de Mariano Rubio y Luis Ángel Rojo desde el Banco de España y con la protección de Carlos Solchaga y Felipe González desde el Gobierno. De la autocartera que el Banco de Vizcaya creó fuera de España y de la ley recomprando las acciones de KIO hasta la no menos escandalosa compra de acciones de Argentaria en vísperas de la fusión, realizada probablemente con información privilegiada por Emilio Ybarra y compañía, una verdadera constelación de actuaciones fuera de la ley esmaltan el camino que ha desembocado en el actual escándalo de las cuentas secretas o “Caso BBV”. Pero como tan dilatada carrera delictiva no hubiera sido posible sin la complicidad de los sucesivos gobiernos socialistas y como el PP está un poco harto de que los socialistas se escuden en Rodríguez Ponga, el Gobierno ha empezado a decir lo evidente: que Toledo o Ybarra no han hecho nada que no supieran u ordenaran los Recio, Solchaga y demás cuadrilla. Por ejemplo, pagar a Filesa.

Así las cosas, tenía que salir el jefe de la Cosa, el ciervo macho, a proteger la manada. Tigrekán tenía que echar los pies por alto para defenderse de lo que tiene difícil defensa, pero ¿cuándo le ha arredrado eso a Felipe González? Nunca, y ahora, menos. Así que para no explicar las cuentas del BBV creadas a su sombra, ha hecho lo de siempre: imputarle al PP el origen del delito y pedirle que lo explique. No obstante, el PP se fundó o refundó cuando Filesa llevaba años cobrando mordidas a cambio de prevaricaciones y Aznar no llegó a la dirección del PP hasta septiembre del 1989, dos años después de la magna creación del BBV Secreto, cuando miles de millones iban en busca de los bolsillos de los grandes corrompidos y corruptores de Iberoamérica... y España. ¿Qué argumento puede usar González para culpar a los que políticamente ni existían cuando se robaba a mansalva bajo su paternal protección? Pues el mismo que con el GAL: echarle la culpa a la derecha eterna, tan eterna que unos están en este mundo y otros en el más allá, pero por lo visto siguen manteniendo estrechísima relación político-financiera por vía espiritista.

Al año 1975 pide González que se remonten las explicaciones del PP, es decir, al último año en vida de Franco. También es posible que, en su desesperación, González quiera salvarse inculpando, como otras veces que se ha visto apurado, al sucesor de Franco en la jefatura del Estado a título de Rey, que lo tiene por amigo (ten amigos para esto). Pero lo más probable es que estemos ante la fórmula habitual, casi canónica, con la que los sociatas eluden sus responsabilidades delictivas: echarle la culpa a un muerto. Si las cuentas secretas del BBV son creación de Toledo y Rubio, ¿por qué no ha de ser Franco el verdadero creador de Filesa? ¿Y para qué querría Franco Filesa? Pues muy sencillo: para financiar el Batallón Vasco-Español. Y ya están resueltos Filesa y el GAL. La verdad, no sabemos que haría el Presidentísimo sin el Generalísimo. Probablemente, seguir el destino de Carlos Andrés Pérez. O el de Jesús Gil.
A continuación